Pero en éstas que va el ministro antes conocido como progre -lxs que sabíamos que no ya sabíamos que el "no" era "muy no"- y, por seguir con algo tan del gusto de lxs de su clase, se reapropia de unas palabras de Manuel Azaña para expropiarlas, violarlas, terjiversarlas y forzarlas a su antojo para que signifiquen lo que jamás hubiesen significado en boca del presidente de la II República. Y así, oh voilá!, el fachorro ultra neocon de Gallardón se convierte por arte de violar citas ajenas en una especie de neo republicano, entendiendo que todo lo que salga de su boca, caca incluida, saldría también de la boca de cualquiera que cante con pasión el Himno de Riego. Gallardón delira. Se cree poeta, y delira. Se cree político, y vuelve a delirar. Se cree librepensador. Está de atar. Algo huele mal en la mente de quien milita en un partido que desea el exterminio de la comunidad LGTBQI y sale en portada de una revista marica. Algo huele mal. Como a coherencia muerta, matada a palos de retorcer palabras y reapropiarse de la voz de quienes jamás dirían esas cosas por su boca.
Alguien debería decirle a este pajillero verbal que lo pone todo perdido con sus deyecciones, en las que ensucia a hombres que han engendrado ya tres hijos, como Beatie, y mujeres que nunca lo harán porque no pueden, no quieren o no les da la gana. Alguien debería decirle a este impostor semántico que se puede ser madre siendo hombre, mujer, nada en absoluto y todo lo contrario.
Pero, sobre todo, alguien debería decirle a este gorrón de la palabra que deje de poner su boca delante de los ventiladores, que su mierda termina, y es un asco, llegando, por desgracia, a las vidas de todo el mundo.