lunes, 18 de marzo de 2013

Los amantes pasajeros: una comedia

El miércoles, día del espectador por estos lares, Z y yo decidimos ir a ver Los amantes pasajeros y no sólo lo decidimos, sino que lo hicimos. Y lo hicimos a pesar del trailer, y a pesar de saber que, igual, tampoco habría mucho más que el trailer.

Pero, como ocurre muchas veces, con infinidad de cosas, igual lo mejor de la película es lo que no se dice, lo que no está, lo que no se nombra; todo aquello que se torna "pura coincidencia" cuando se parece, sospechosamente, a la realidad.

Es verdad, la última película de Almodóvar no tiene argumento, pero es que ninguna sit com lo tiene. Las obras de Jardien Poncela tampoco lo tenían, y Tres sombreros de Copa, de Mihura, tampoco es que puedan presumir de plots complejos, para qué engañarnos. Los amantes pasajeros es una comedia clásica, en el sentido clásico del género. Mejor dicho, engloba, en cierto sentido, los subgéneros más propios de nuestra comedia, como el vodevil -del que derivará el cabaret, el burlesque, etc-, el sainete -comedia ligera de un sólo acto, que vendría a ser el entremés del teatro posterior al siglo XVIII-, la comedia de figurón -protagonizada por un galán o figurón que se ve envuelto en enredos y engaños amorosos- o la astracanada, subgénero patrio por excelencia en el que la teatralidad es extrema y la parodia de la realidad llega a alcanzar cotas tales que chocan con la verosimilitud de la trama porque, a fin de cuentas, no es la verosimilitud en sentido estricto, lo que pesa en este tipo de obras, sino la crítica a través de la parodia (Un buen ejemplo de astracán lo tenemos en La venganza de Don Mendo, crítica ácida al teatro de los siglos de Oro y, en general, en cualquier obra de Muñoz Seca.

Todos estos géneros son, en realidad, subgéneros surgidos al amparo de la comedia. Subgéneros que, dicho sea de paso, han sido castigados sobremanera por la crítica en los años posteriores a la dictadura franquista, por tratarse de géneros, algunos de ellos, más cercanos al ideario nacional-católico, al tratarse de un teatro conservador desde un punto de vista temático e ideológico y, en general, bastante amable con el régimen y sus mecanismos de poder. Algo que resulta del todo injusto, pues, muchas de estas obras fueron, en realidad, instrumentalizadas por el régimen y, por tanto, reinterpretadas por éste a su conveniencia; obras a las que, en definitiva, nunca se ha terminado de hacer justicia.

De todos modos, este es un país que no está acostumbrado a ver en la comedia una crítica lo suficientemente poderosa o un discurso lo suficientemente sólido como para ser equiparado a la tragedia o al   drama, que es, en realidad, el género que mejor nos define. Nos hemos creído demasiado aquel precepto aristotélico, el de que la comedia es el género ínfimo, por basarse -decía él- en la "imitación de hombres de calidad moral inferior", y seguimos creyendo que no se puede hacer una crítica sólida y de peso a través de este género, en cualquiera de sus vertientes y, estamos -creo- muy equivocados. Porque a veces la crítica es que no haya crítica alguna, a veces la crítica simplemente es mostrar lo que sucede, a veces, simplemente, la crítica es una exaltación de todos esos dedos en el ojo del poder que tanto molestan, y celebrar la crítica apoderándose de ella es, también un modo de hacer crítica, y un modo de hacer comedia.

Desde luego que el la película está el Almodovar de siempre, el de estilo deliciosamente cuidado, el que sutilmente homenajea a Chavela bautizando el avión con su nombre, el que traza una metáfora entre el nombre de una compañía aérea real (Iberia) con una ficticia (Península) y cuya suma (Península Ibérica) se convierte a su vez, en la metáfora de la situación actual del país, sumido, como el avión de Los amantes, en un vuelo transoceánico descabezado y sin hoja de ruta, plagado de aeropuertos y no pudiendo, sin embargo, tomar tierra. Desde luego que en la película está el Almodovar que elige meticulosamente las cabeceras, la música, el vesturario davidelfiniano y se aseugra de que cada pieza encaje en su lugar, como los anfitriones (Banderas y Cruz) que son una alegoría de sí mismos haciendo de otros y son, Santo Tomás mediante, causa incausada de Los amantes pasajeros.

Pero más allá de todo eso, hay cosas por las que Almodóvar sigue siendo Almodóvar, porque sólo a él parece bastarle con colocar estratégicamente, La Vanguardia entre las manos de un pasajero para que el espectador avezado caracterice al personaje. Porque, como espectadores, nos basta un Bolaño entre las manos de lo que podría parecer un sicario, para saber que ese hombre ama la literatura y el amor-casa del exilio sobre todas las cosas y no podría entregarse al asesinato de un modo prosaico o poco sentimental. Por eso me gusta Almodóvar. Porque pone un libro de Bolaño en las manos de un idiota y, de pronto, todo tiene sentido.

Y por eso también, Los amantes pasajeros es comedia y no. Me explico. La comedia como tal, tiene su origen en la improvisación, y aquí no hay nada dejado en manos del azar. Aún así, creo que os interesará saber que esas improvisaciones se daban en contextos de cultos y celebraciones ofrecidas al dios Dionisios -deidad de la fiesta, el sexo, la orgía, la bacanal y la polla dura- y que las comedias eran ejecutadas por los llamados "coros fálicos", que eran quienes, en época de vendimia, paseaban y procesionaban el falo, como símbolo de la fuerza de la naturaleza y sus dádivas. No hará falta decir que, en ese sentido, el trío de locas que conforman Aceres, Cámara y Arévalo son, casi en un sentido literal, el coro fálico de la comedia primigenia. Y es que esta obra es, también, un culto al falo. Un canto, un tributo, una oda al falo. Un falo, eso sí, subvertido no sólo por los ojos de un marica con mucha pluma, sino de un montón de maricas con mucha pluma y mucha ostentación de pluma, que convierten esa microsociedad que se genera en el interior del avión, en una sociedad falócrata, sí, pero también marica. Muy marica. Y por eso es fantástico ver cómo un director obliga a lxs espectadorxs heterosexuales de bien que vayan a ver su cinta, a vivir, durante 90 minutos, no en un mundo marica -eso lo hace cualquiera-, sino en un mundo de maricas locas donde la pluma se celebra, la mamada es una fiesta y todos los clichés de la marica plumífera se cumplen porque habemus maricas con pluma, mucha, y quienes cumplen todos los clichés tienen, también, el derecho a defenderse y reivindicarse. Por eso esta obra es, también, en cierto modo, una oda a la pluma. Y a mí cualquier oda a la pluma, en principio, me parece bien. Desde luego, siempre hay gente que va a ver una peli de un marica sobre maricas y se escandaliza porque dos bio-mujeres muestren su afecto (nada exagerado) en el asiento de al lado, pero eso es otra historia. Al fin y al cabo, no hay suficientes libros de Bolaño para rellenar las manos de todos lxs imbéciles de este mundo.

Por otro lado, es cierto que la mayoría de los personajes son hombres, pero en pocas películas puedes ver cómo una mujer se empodera a través del sexo violando a un hombre y en muy pocas puedes ver cómo los géneros y sus marcas gramaticales del lenguaje se diluyen hasta casi desaparecer.

Dice la teoría de los géneros que, en la comedia, la risa del espectador a veces es de complicidad y otras, de superioridad. Digo esto porque creo que, al tratarse de una comedia protagonizada por maricas en el sentido más tópico de la palabra (sin olvidarnos de que hay maricas que cumplen con esos tópicos, como ya he dicho antes), ciertos espectadores podrían caer en la tentación de reír, como dice la teoría de los géneros, desde la superioridad del que se sabe heterosexual (o carente de pluma), algo que la pragmática desmonta en el momento en el que nos damos cuenta de que el autor es también una de esas maricas con pluma. Por eso, en Los amantes pasajeros, sólo cabe la risa cómplice, porque la de superioridad queda anulada por la naturaleza de la propia autoría. Por eso -y por otras muchas cosas, claro- no tiene sentido equiparar esta película a aquellas de los años '70 de Ozores y compañía, en las que empezaban a proliferar los chistes de mariquitas. Porque las cosas no son nunca lo que las cosas son en sí, sino también cómo se cuentan, quien las cuenta, desde cuándo, desde dónde, por qué, y a quién.

Eché en falta, claro, algo de pluma bollo, algo de travestismo Woman to Man. Pero eso quizá sea mucho pedir para alguien que, como dice Z, sólo sabe contar historias de hombres (en realidad, todos sus personajes femeninos no dejan de ser hombres travestidos, Ítacas de maricas que cantan I´m so excited en sus horas altas). Es por esto que dejo este I´m so excited Le Tigre, queer e intergeneracional, para hacer ya, de la oda a la pluma, algo pluscuamperfecto. Escuchad la versión, merece la pena.

lunes, 4 de marzo de 2013

Día de la Mujer y otros ascoputos

Otra vez está aquí, taladrándonos los tímpanos, percutiendo en nuestras retinas, atronando en nuestros cerebros hasta hacer de ellos rico plancton para la ballena que alimenta, el institucionalizadérrimo y sacrosanto día Internacional de la Mujer Trabajadora. De la trabajadora, ojo, no de la vaga que no da golpe, ni de la guarra que tiene la casa echa unos zorros, la muy zorra. De esas no, claro, de las otras. De las que dan palmas desde dentro de sus abrigos de pieles o desde debajo de sus boinas de temporada. Que casi, si me apuras, vienen ellas a ser lo mismo. A fabricar lo mismo con todos los cuerpos sediciosos que están hasta el orto -oh, orto universal y agénero, qué grandes poemas nos has dado y qué grandes ocasiones para ciscarnos literal y metafóricamente en todas estas internacionalidades figurativas, en todo este postureo infernal de concejalas con caspa y pucheros al fuego y feministas de boina con el coño pegado al cuero negro de los butacones de los despachos de las facultades que, como dice E, "practican el feminismo de la exclusión". Sentando cátedra y sentando la seta en la cátedra. Sobretodo eso. Gracias, orto, ya digo, por penetrar tan hondo siendo a tu vez tan hondamente penetrable, y traernos versos de Allen Ginsberg que llevarnos como alimento a ti mismo:

ESFÍNTER

 Espero que mi viejo, que mi buen ojo del culo resista.
 En 60 años no se ha portado nada mal 
aunque en Bolivia una operación de fisura 
Sobrevivió al hospital de altiplano
 - Poca sangre, ningún pólipo, ocasionalmente 
Una leve hemorroide 
Activo, anhelante, receptivo al falo
 Botella de coca, vela, zanahorias
 Plátanos y dedos - 
Ahora el Sida lo vuelve cauteloso, pero Aún servicial -
 Fuera el mal rollo, dentro el condón 
Amigo orgásmico - 
Aún elástico correoso, 
Descaradamente abierto al placer
 Pero en 20 años más, quién sabe, 
Los viejos sufren todo tipo de achaques
 Cuello, próstata, estómago, articulaciones - 
Espero que mi viejo orificio se conserve joven
 Hasta la muerte, dilatado.


Hasta la muerte, dilatado. Una vez hecha la oda al esfinter redentor, pasemos a exponer brevemente los cilicios que surgen al abrigo del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, o lo que yo vengo ya llamando desde hace tiempo, el #ascoputo.

En el paquete de actividades propuestas por el ayuntamiento de mi ciudad están, entre otras, la palmadita en la espalda a cuatro empresarias, la visita a las Cortes de Castilla y León (¿?),  y la lectura del manifiesto a cargo de una representante de viudas cristianas. COMOLOLEES. Si quieres potar con la lectura del programa completo, no tienes más que tener cerca un WC, una palangana o similar y pinchar aquí. Como podréis imaginar, el #ascoputo es extensible a otras ciudades aledañas, como podéis comprobar aquí, eso sí, sin perder de vista la palangana. 

Dicho de otro modo, todo este tingaldo se resume en : chocolatadas, peliculitas de chicas, encaje de bolillos, mesitas camilla con su braserito y su mantita de cuadros, trabajadora y madre en la vida, ripios muy sentidos rimados en consonante, abnegada ama de casa que alimenta a sus hijos y es además amantísima esposa y le gusta hacer petit pua en sus ratos libres vestida remona, discreta pero elegante, ay pobrecita si te han maltratado ay pobrecita si te han violado, ay pobrecita, así en general, cuánta sensibilidad tienes y qué víctima eres de todo por ser, SER, SER, SER, verbo estático, inamovible, fijista, oligárquico. SER, SER, SER, verbo Parménides, por SER, SER, SER, quédate quieta, mujer, categoría estanca, quédate quieta, MUJER. Tenías que ser.

Evidentemente, hay alguna que otra actividad alternativa al tema de las viudas cristianas, pero que entronca con una especie de feminismo buenrollista que murió de la que nacía, allá por los años setenta, y del que sólo quedaron los restos instalados en las instituciones si no políticas, académicas. Un feminismo que sigue manteniendo y alimentando el binomio de género, un feminismo que en vez de hacer petit pua hace boinas de punto redondo -con ese puntito femenino bohemio, oh, sí, qué mono- pero que sigue considerando víctimas a todas las mujeres y, por tanto, que las sigue victimizando y confinando en la pasividad; un feminismo que llama putas a las putas con una mezcla de condescendencia cristiana, lástima femenina y desprecio pequeñoburgués y que, como el otro, invisibiliza a un gran número de mujeres /personas designadas como mujeres/ transgénero, etc., así como diversas situaciones sociopolíticas, económicas, identitarias, sexuales, etc. y, por tanto a una diversidad de realidades tal, que termina por hacer el mismo honor al día de "la mujer" que las viudas cristianas. Amén.

Por todo ello, aquí va -dejadme soñar- mi baratérrimo programa imaginado del día Internacional de los Cuerpos Precarizados:



Por suerte, me queda el consuelo de saber que no estoy nada mal acompañadx en estas vindicaciones. Por suerte, somos pocxs, pero cada vez más, quienes sabemos que en la atención a lo diverso está la posible mejora de cada situación, diversa también. Porque este tipo de programas institucionalizados del día de la Mujer trabajadora, no sólo no hacen bien, sino que hacen mal. 

Cada cosa que hacemos educa. O todo lo contrario. Cada paso que damos. Si proponemos un programa pacato, que confiere a la mujer un lugar estanco -como mujer- y también como víctima -de violación, de abusos, de leyes, de precariedad, etc- no sólo estamos negando la posibilidad de que éstx se empodere (atiéndase que digo posiblilidad, de modo que, si no quiere empoderarse, lógicamente, también está en su derecho, ojo), sino que también estamos educándolx sentimentalmente en la derrota, la no acción, el sufrimiento y la pasividad, por el simple hecho de haber sido definidx socialmente como "mujer", categoría estanca. 

Y es todo tan parmenidesco, y da taaaanto #ascoputo, que le entran a unx ganas de ponerse el panta rei por montera y, flujo en mano, paja en mano, que sea lo que Foucault quiera, hasta la muerte dilatadxs, queridos cuerpos precarizados.

martes, 26 de febrero de 2013

PUTAS E INVISIBLES

Ays...

No quiero entrar otra vez en este debate, porque me parece bizantino, y porque por cada motivo que escucho en contra de la legalización de la prostitución, se me ocurren un montón a favor. Pero si hay algo que realmente me resulta molesto y cansino -y peligroso- en el discurso abolicionista -como el de Bea Gimeno- es la invisibilización que se hace de tooooooodos los tipos de prostitución que no sean: bio-hombre heterosexual que demanda favores sexuales a bio-mujer heterosexual que trabaja en precario o para un proxeneta que la explota y precariza en un club de mala muerte o en la calle. Olvidando así: la prostitución masculina, la prostitución de lujo, la prostitución matrimonial (ésta, además, exige exclusividad la mayoría de las veces), la prostitución gay, la prostitución bollo, la prostitución trans, la prostitución terapéutica (la gente con diversidad funcional también sexualidad y, por tanto, derecho, a ver satisfechas sus necesidades sexuales) y un sin fin de situaciones más en las que se paga por sexo, igual que se paga por cualquier otro trabajo.
Olvidarse de toda esa diversidad bajo el epígrafe "prostitución", apoyado además en las imágenes que nos evocan a la situación tipo que antes describo (basado en el binomio casi biológico hombre/masculino/hetero/opresor vs. mujer/femenina/hetero/oprimida), invisibiliza todas las demás situaciones, sus contextos, sus diferencias, sus particularidades sustanciales y, en definitiva, vuelve a caer, paradójicamente, en el error patriarcal de siempre, el de invisibilizar las diferencias y homogeneizarlo todo.

No voy a entrar ya en cuestiones de tradición judeocristiana, que son las que nos hacen entender el cuerpo como un templo, como algo sagrado, y todas esas gilipolleces que la cultura neoplatónica ha grabado a fuego en nosotrxs, por muy atexs que seamos. Tu cuerpo es tuyo, lo trates como un templo, como un vertedero, o como te dé la gana. Y si es tuyo para abortar, como tanto defienden los movimientos feministas, no veo motivo por el que para follar por pasta tenga que ser de otrxs. De todos modos, la prostitución no es mi campo de batalla, no soy prostitutx, mi pareja tampoco lo es, y no tengo en mi entorno más próximo a nadie que se haya dedicado a la prostitución. ¿Que si pagaría por sexo? Dependiendo de mi situación personal y de ma´s cosas, es probable. ¿Que si me prostituiría? Depende de en qué situación, y de con quien y de las prácticas sexuales, tampoco podría descartarlo. Claro que tampoco es el aborto mi campo de batalla, porque una noche loca o una rotura de goma a mí no me va resultar nunca un problema embarazoso, para qué nos vamos a engañar. Mi problema, más bien, es que sigo sin verme en los espejos de quienes dicen reflejarme. Mi problema es que sigo sin entender qué hacen ciertas bolleras alzando más la voz  y más fuerte, en contra de la prostitución que en favor de la adopción LGTBQI, o del bulling social y afectivo que sufren lxs adolescentes queer, por poner un par de ejemplos.

Mi problema es que cada vez tengo menos ganas de apoyar ciertas causas que me parecen justas, aunque no sean las mías, porque en el fondo sé que todas esas voces a las que he secundado, nunca van a venir a la hora de interceder por mi disidencia.

Es una cuestión de órdenes. Y privilegios. Quién soy pero también, qué puedo llegar a ser y qué pierdo si esto, o qué gano si lo otro. Sé que el patriarcado lo tiene bien montado y sé, por más que quiera convencerme de que no, que nadie está dispuesto a bajar un sólo peldaño en el escalón social de la cultura de los cuerpos sexuados, sin echar un pulso a muerte con lxs que vienen de abajo.
Y el castigo, para lxs que pierden, no sólo es pasar sin ser vistxs, sino tener que fingir que no ha sido así.

viernes, 22 de febrero de 2013

MANIFIESTO TRANSVIOLETA #23F

Los cuerpos migrantes no nos sentimos representados, ni por quienes deberían representarnos, ni por quienes dicen hacerlo. Pero como ya estamos más que acostumbradxs, no nos importa una mierda. Lxs queer, lxs trasngénero, lxs migrantes, lxs funcionalmente diversxs, lxs precarixs, lxs trabajadorxs sexuales, las bolleras, las maricas, lxs trans, lxs operadxs y lxs que no, cuidamos a vuestrxs hijxs, curamos vuestros cuerpos normativos, construimos vuestras casas heterócratas y vuestros coches patriarcales. Estamos hartxs de que nos digáis cómo debemos comportarnos, cómo debemos follar, cómo debemos interactuar con nuestros cuerpos y cómo debemos establecer nuestras relaciones socioafectivas.
No sé si legión, pero somos muchísimxs, aunque no lo creáis, y estamos cabreadxs. Así que saldremos a la calle este 23F para gritar que estamos hasta las gónadas -protésicas o no- de este sistema binario que se establece y se articula en base a estructuras duales obsoletas y ficticias del tipo hombre/mujer, capitalismo/socialismo, hetero/homo, público/privado, etc. que se alimentan desde el poder y, lo más grave, que se siguen alimentando también desde quienes dicen luchar contra él. 

Por eso uniremos nuestras voces migrantes, desgarradas, roncas, gastadas, chillonas, nasales, olvidadas, mutiladas, periféricas y en tránsito a todas aquellas voces que defiendan una educación y sanidad laicas, gratuitas y de calidad, además de todos aquellos servicios públicos, sociales y culturales que atienden lo diverso. No venimos a hacer las paces con nadie, venimos a por lo que nos pertenece. Uniremos nuestras voces a la marea verde, a la blanca, a la violeta y a todas las que estén dispuestas a dar un puñetazo en la mesa del heteropatriarcado y comprendan que el binarismo es el germen del veneno. 

Porque el capitalismo es el sistema, el patriarcado la cultura, la heterosexualidad la producción y el binarismo la filosofía pérfida que nos sume en el estatismo como cuerpos, como seres y como sociedad. No somos hombres ni mujeres. No somos, sino estamos. Antes bien, somos deriva. Y eso sí, estamos hartxs. 

domingo, 10 de febrero de 2013

OPINIONES, CULOS Y GÉNERO EN LA FM

Iba a hacer una entrada sobre como él otro día, un locutor de radio confundía género con sexo, a raíz de un concurso de carnaval que por lo visto se hace en Aguilar de Campoo, y que consistía también en confundir género con sexo ya que su título -con ese "gracejo" carnavalesco que no tiene gracia alguna- era, precisamente, "cambio de sexo", como si sexo y género fueran la misma cosa.

Iba a hacer una entrada sobre cómo el mismo día, el mismo locutor de radio hacía un chiste sobre la terrorífica celebración -aún, sí- de Las Águedas, asegurando que "las mujeres mandan por un día, aunque muchos dirán que en sus casas mandan todo los días y tendrán razón, je, je". Con tono de chanza, otra vez, con gracejo del que quiere hacerse el gracioso a costa de cosas que no tienen gracia alguna. 

Iba, decía, a hacer una entrada sobre cómo el mismo día, el mismo locutor de radio, criticaba que la llamada "tarifa plana" para autónomxs jóvenes se ampliara 5 años más para ellas (hasta los 35 años) que para ellos (hasta los 30), con un "pues si lo hacen por la igualdad, esto no es igualdad, que lo sepan, esto es discriminatorio. Igualdad es para todOs igual". Quedándose tan ancho, o más, que si supiera algo de políticas de igualdad, integración, pros y contras de la (mal)llamada discriminación positiva, etc.

Iba a hacer una entrada sobre cómo llamé su atención -la de este sapientísimo locutor local- a través de twitter, haciéndole llegar la idea de que me parece muy osado opinar a través de un micrófono de la Ser, con miles de oyentes escuchando lo que él dice, sobre políticas de género sin haber leído nada al respecto. Su repuesta no se hizo esperar: "¿y qué sabe usted lo que yo he leído o no he leído?"- me respondió airado. "Es evidente -repuse-, a poco que se haya documentado unx sobre el tema, no dice 'cosas'". La respuesta, de nuevo, no tardó en llegar, y como si hablara la masa estulta, esa que, según dice Ortega, cocea a la musa, espetó: "Discrepe usted si quiere, pero respete. Su opinión es tan respetable como la mía". Evidentemente, ahí ya me rendí. Me rendí a la violencia que ejerce la estupidez sobre el conocimiento, a la fuerza que deposita por la fuerza, valga la redundancia- la ignorancia sobre el estudio, la chanza sobre la investigación, la creencia popular -y forzosa- sobre el trabajo esforzado.

Mire, no. No todas las opiniones son igual de respetables. Si sumas las horas dedicadas a la lectura, estudio, vivencias reflexionadas y enfocadas desde una perspectiva de género de varias personas, comprenderá usted, querido vocero mentecato, que de su 0 a la suma de cinco o más cifras que pueda sumar -y siga sumando -no ya yo, sino cualquiera que haya investigado y trabajado sobre el asunto- le dará a usted la diferencia aproximada entre su opinión y la de alguien que sí tiene una opinión fundada. 

Porque no es lo mismo, como decía Platón, la doxa que la episteme, y porque empiezo a estar ya de la doxa hasta el ojete. El hecho de que todo el mundo tenga derecho a expresar su doxa, no significa que ésta sea equiparable a la episteme, o lo que es lo mismo, sea respetable en términos de conocimiento. No lo es, ni mucho menos. Mi opinión sobre la medicina no invasiva será eso, una opinión, que al lado de la de unx internista o unx estudiosx en el tema, será desde luego mínima, y no tendrá -y así habrá de ser- relevancia alguna. Porque si a mí me da por decir a través de un micrófono que la medicina no invasiva es una patraña total, "que lo sepan", no sólo no estaré haciendo bien mi trabajo, sino que estaré, con mi "opinión", infundadada, falaz y superficial, comprometiendo la salud de radiooyentes confiadxs.

Iba a hacer una entrada, decía, pero ya no. Porque las opiniones, esto es así, son como los culos, cada unx tiene la suya. Pero no pretendan ustedes, vocerxs que de todo opinan y de nada saben, hacernos creer que todos los culos son igual de respetables ni, mucho menos, igual de follables.
 

sábado, 19 de enero de 2013

Un poema con la palabra Rimbaud


[Si escucháis este soundtrack en forma de vídeo al tiempo que leeis, todo se acercará un poco más al poema que aún no he podido escribir, y gracias a la música de Stendhal Syndrome, vosotrxs creréis que yo he hecho las cosas mejor de lo que podría haberlas hecho.]


Hace mucho tiempo que no escribo una entrada en este blog. Podría decir que hace mucho tiempo que no escribo nada, pero sería mentira. En esta última semana escribí un artículo por encargo y un poema con la palabra Rimbaud incluida en el título. Puede que el poema no fuese gran cosa, pero su título era prodigioso. 

Hace mucho tiempo que no escribo una entrada en este blog. Podría decir que hace mucho tiempo que no tengo nada que decir, pero sería mentira. En esta última semana, he cerrado dos poemarios completos y avanzado notablemente un tercero. Además he estado en China, y en la muerte, y en el destierro. En el destierro también. China y la muerte son un poco la misma cosa. El sábado estuve en Burgos, y en Pekín a un tiempo, mientras estaba ajenx a todo esto. En Burgos y en Pekín a un tiempo mientras mi abuela -que era un poco más bien como mi madre- moría y mi madre -que era un poco, más bien, como cualquiera- me telefoneaba desde el fondo de un personaje de Kundera. 
Mi amiga M dice que en Burgos siempre late el corazón, pero no es verdad. En Burgos siempre se pierde algo. En Burgos siempre -Rodrigo Díaz lo sabe- se cierran todas las ventanas y las noches llevan cartas 
con severas prevenciones y fuertemente selladas. Siempre hay niñas de nueve años, es cierto. Siempre hay cierta clase de amor pugnando por deshacer el frío bajo el hielo, pero los caminos que se abren no son muy transitables, porque la nieve sucia de lxs que tienen miedo va quedando amontonada en las cunetas de la noche y todo empieza a adquirir un aspecto ligeramente caduco y siniestro. Aún así, M tiene razón en una cosa: aunque no prometas mil misas al altar de la virgen, la ciudad siempre está dispuesta para tu regreso porque allí, esto es un hecho, nunca se gana la primera vez, pero siempre se gana algo.

Aun así, como decía, el sábado, en Burgos, China y la muerte. Como decía, Ping Pang Qiu y tres llamadas perdidas. Angélica Liddell y tres llamadas perdidas. El amor roto por aquello que se ha roto, que se rompió por amor, y tres llamadas perdidas e insurrectas vibrando en mi bolsillo, quemando en mi bolsillo como patatas calientes. El teatro y la muerte son la misma cosa. A veces, la misma cosa. El teatro y la muerte. China y la muerte. El destierro y Burgos. Ideogramas y voces, palabras que explotan, que desenfundan y disparan y las voces, el fuego, los discursos a tres manos, los números impares y los besos, también, a veces, necesarios como los víveres. Me gustó todo eso, y más. Las perras en escena, tantas perras -las perras siempre acaban por gustarme, de un modo u otro-, la tensión que se crea entre la rabia y la gestión de la rabia, entre el hedonismo y la disciplina, entre la entrega y el desprecio, entre el dolor y el bálsamo. 

Eso y más. Toda la noche. Muchas cosas. El teatro y la muerte. Su nombre -el de mi abuela-, asturiano como las cosas pequeñas y tristes, como ella, pequeña y tomada como una casa de Cortázar, y Angélica Liddell, mínima, también, pequeña y empañada como se empañan las cosas en La Corredoria. 
La realidad y el deseo. Cernuda y los muchachos. La ficción y el dolor. Muchas cosas.

El fuego y la arena, los elementos, la revolución que se comprende -y sólo se comprende- desde la libertad creadora. Porque Bakunin, porque "la libertad de los demás extiende la mía hasta el infinito". Porque Ortega, porque "donde quiera que las jóvenes musas se presentan, las masas las cocean". Porque la revolución que es contrarrevolucionaria, porque todas las voces del pasado son las palabras con las que la vanguardia resulta indescifrable para los oídos presentes. Muerte y teatro. Teatro y muerte. Tres llamadas perdidas y nuestras vidas son los ríos mientras Liddell es cada vez más Houellebecq y yo soy cada vez más Houellebecq, porque hay días en los que Houellebecq es todas las cosas de este mundo. Porque hay días en los que todxs necesitamos un whisky antes de comer, porque "los taxis son unos cabrones que no se paran aunque unx reviente"; porque "lxs hijxs somos la trampa que se cierra, lx enemigx al que hay que seguir manteniendo y que les va a sobrevivir"; porque "llega un momento en la vida de unx en el que busca un nuevo paradigma: no solamente otra manera de ver el mundo, sino otra manera de situarse con respecto a él"; porque todxs somos un "cambio menor". 

Quería hacer un poema con todo esto. Quería hacer un poema pero cómo podría. Un poema digno, un poema discreto, un poema que, aunque no llevase a Rimbaud en el título fuese, al cabo, un poema de amor, un poema homenaje, una especie de elegía errática que trajese a la memoria y de la mano, la ausencia y la ficción -Ramos y Liddell-, la oquedad de la presencia y la inefabilidad de lo real -Liddell y Ramos-, el bálsamo herido del punto de fusión del teatro y la muerte. Premio Nacional de Teatro y 87 años llenos de cosas que pasan. Que han pasado. Quería hacer un poema. Quería hacer un poema, ya digo, pero cómo. Quería ser un poco Huidobro. Quería parir Altazor. Escribir que "nací a los 33 años el día de la muerte de Cristo". Quería ser un poco Juan Ramón y escribir Espacio. Escribir Espacio y decir algo sobre "el idioma, ¡qué confusión!, qué cosas nos decimos sin saber lo que nos decimos. Amor, amor, amor (lo cantó Yeats), amor en el lugar del escremento”. Quería ser un poco Ginsberg (bueno, en realidad Ginsberg quería ser bastante) y hacer una confesión en forma de aullido, escribir Howl y empezar diciendo "I saw the best minds of my generation destroyed by madness". Algo así quería hacer con todo esto. Un poema como esos. Pero, joder, cómo podría. Aunque no llevase a Rimbaud en el título y no dijese nada de Being Beauteous.

Después el tanatorio y mujeres amenorréicas besando mi cara. Mujeres amenorréicas a las que no conozco, mujeres amenorréicas que se saben mi nombre, y dicen, ¡oh, dios, vaya! y cosas por el estilo, y huelen a maquillaje en crema, a colonia de imitación y a tabaco frío. Estoy cansadx, estoy sentadx, estoy de pie. Tengo un virus haciendo de mi cuerpo un campo de batalla, una muerte y un destierro haciendo de mi cuerpo un campo de batalla, y un poema que no se quiere dejar escribir. Soy todos los poemas no escritos de este mundo mientras mis tripas se retuercen, pero ahora cambiaría todos los poemas no escritos -y los escritos también- por una buena taza de té caliente y un abrazo en condiciones. Me los bebo, los dos. El abrazo y el té. Con limón. El abrazo y el té, y me acuerdo de María Llopis, y de aquella entrada en el blog de María Llopis, y me acuerdo de mi padre. También me acuerdo de él, claro, y de su muerte, y de cómo entonces los cuerpos amenorréicos también se acercaban a mí sabiéndose mi nombre, oliendo del mismo modo y diciendo las mismas cosas. ¡oh, dios, vaya! Añadiendo un ¿estás aquí ahora? que lejos de ser ontológico es estúpido. No vas a poder reconfortarme, queridx, no así. No me conoces de nada, y tu torpeza indiscreta me dice que así va a seguir siendo.

Escribir un poema enorme. Cómo podría. Me vienen un par de versos que ya he olvidado y se me cruzan imágenes de Liddell sobre el escenario con otras del último día que la vi, a mi abuela digo, apenas un día. La última fotografía que le hice, que nos hicimos, con mi móvil, se funde con la imagen de las protestas de la plaza Tian'anmen. Los pequeños cuerpos frente a los poder fácticos. En mi foto y en el escenario. Los pequeños cuerpos peleando, pequeños y tristes, todas las cosas inconmensurables. En el escenario, y en mi foto. Este fin de semana no era para tener a la muerte cerca. Ni para el teatro tampoco. Este fin de semana era para viajar a Granada -Granada, su Granada, la de Federico, digo- y dejarse llenar de Ladyfest. Este fin de semana don't tag era para Coco Riot, Madeleine, Scooby Dub y todos los Good save the queer que han hecho posible esa genderfucker. Este finde de semana era para mear, de pie y sentadx, en todos los retretes de este mundo, y hablar de literatura queer y dejarse 'queerer' por la Alhambra y do it yourself todo el rato. Era para la acción, no para la muerte en escena, ni para los poemas que no habrán, nunca de escribirse. No para hacer esta entrada, ni para el coche en el taller -reparación nimia pero premonitoria como una novela de Ray Bradbury-. No para abrazar a mi hermano, no para que mi amor me abrace y llorar en medio de la noche. No para el teatro y la muerte. No para el teatro de la muerte. No para la muerte del/en/al/por/entre/sin/durante el teatro. No para haber deseado escribir un poema mejor o acordarme de aquella frase de Loriga: "al final, la vida siempre te ofrece un trato".

Hace mucho tiempo que no escribo una entrada en este blog. Podría decir que hace mucho tiempo que no escribo nada, pero sería mentira. En esta última semana escribí un artículo por encargo y un poema con la palabra Rimbaud incluida en el título. Puede que el poema no fuese gran cosa, pero su título era prodigioso.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Los Mayas en familia


El próximo viernes, usted apagará el despertador murmurando entre dientes algo confuso e inofensivo, pero lo suficientemente embarazoso como para no ser reproducido aquí; se aseará, se vestirá, desayunará a toda prisa mientras oye con fastidio el pitido de las señales horarias, se pondrá el abrigo –tenga por cuenta que el 21 de diciembre, aunque se acabe el mundo, hará el suficiente frío como para que no escatime usted en prendas de abrigo y el Apocalipsis no le pille con un gabán de entretiempo- y saldrá por la puerta con la premura de quien lleva el reloj atrasado, además del sueño y las facturas. Sonreirá, eso sí, probablemente no mucho, pero sin duda algo más que el martes, porque los martes son siempre días tristes regidos por un dios insoportable, y celebrará el principio del fin –del fin de semana, claro- tarareando bajito esa canción que de pronto suena en la radio de camino al trabajo.
                La jornada irá transcurriendo sin mayores contratiempos y quizá a media mañana, su compañera haga alguna broma a cerca de la caducidad del mundo y la profecía Maya, y usted recuerde de pronto que ése es el día en que todo se acaba, aunque no vuelva a darle importancia al final de los tiempos hasta pasadas las siete, cuando de vuelta a casa escuche en alguna de esas tertulias radiofónicas, hacer chanza al respecto a algún tertuliano condescendiente y capcioso, encantado de haberse conocido. Después hola qué tal, si le espera alguien en casa; y la cena y la tele o si hay suerte el amor y entre las sábanas, a salvo ya de pronósticos apocalípticos, pulsará el interruptor de la luz de la mesilla y todo será oscuro.
                ¿Que mañana se hará la luz? Pues muy probablemente; pero mientras tanto, los Mayas y el recuerdo del amor –si ha habido fortuna- en la noche sombría. Al menos hasta que la luz se haga y alguien venga a refundar el mundo.        
                Y es que los Mayas no eran tontos. Quiero decir que, últimamente, se está hablando mucho a cerca de las siete profecías Mayas, sobre todo de ésa que parece señalar que el próximo viernes, el veintiuno de diciembre del año 2012, el mundo se acabará, pero la verdad es que los Mayas no decían las cosas por decir. No me interpreten mal, evidentemente no estoy diciendo que el próximo viernes el cielo y la tierra se abran a nuestros pies y de pronto el Armagedón y de pronto el Apocalipsis y de pronto una película de Spielberg pero de verdad, de esas en las que tú eres el protagonista; una peli de verdad, de esas en las que todo, pero todo absolutamente, incluida tú y lo que te circunda, se va a la mierda. Incluso todo aquello que seas capaz de imaginar, o recordar, o qué se yo. De pronto el Big Crunch y el The end de todas las cosas de este mundo, mismo mundo incluido. Pero no. No se hagan ilusiones.
                El Gran Colapso no llegará –seguramente- antes de la Navidad, y al día 21 de diciembre del año 2012 le sucederá casi seguro el día 22 del mismo mes y año, fecha en la que muy probablemente vuelva a no tocarle la lotería, tan sólo la devolución de lo jugado en ésa participación que le compró a su jefe por compromiso y que ahora le da vergüenza cobrar, porque son tan sólo seis euros, de los que uno dona a la Cofradía ésa a la que él pertenece y que a usted le resulta más que antipática. No quiero yo robarle las ilusiones del fin de la tierra, ésa es la verdad, pero muy probablemente, al 22 le sucederá el 23, predicción mediante, y a éste el 24, fecha en la que el Armagedón predicho por el pueblo mesoamericano no le librará tampoco –una lástima- de tener que lidiar a un tiempo con su madre y su cuñado, todos juntos a la mesa y bien revueltos, mientras trincha el pavo y piensa que ojalá los Mayas y Spielberg y la noche. Mientras mastica un polvorón pastoso y musita para sí que ojalá el amor entre las sábanas.
                Asúmalo. Las predicciones Mayas no van a llegar a tiempo. Habrá retrasos y cancelaciones, como en las compañías aéreas y los viajes transoceánicos, y no vendrá nadie a devolvernos el pasaje, las esperanzas puestas en el fin de los días. Si la curiosidad nos mueve y tenemos cuenta en twitter, preguntaremos a la NASA, como otras 5000 personas que en las últimas semanas les han consultado sobre el asunto, el de las predicciones Mayas sobre el fin del mundo, y la NASA nos responderá con un brevísimo mensaje tipo, asegurando que se trata de una mala interpretación de su calendario, y que los Mayas hablaban más bien de un cambio de ciclo. 
                La respuesta tal vez nos calme un poco, pero los días se sucederán tercos sin que nada ocurra, más allá de las luces ostentosas que preñan la ciudad de espejismos nocturnos, que seguirán encendidas después del día 21. La predicción maya no remediará tampoco el talante rancio, posguerril y beato de este ayuntamiento nuestro, que desarrolla un programa para estas fechas bajo el título “El espíritu de la Navidad en familia” (en realidad dirigido, básicamente a la infancia) y que depende –agárrense- de la Concejalía de la Mujer, porque como todo el mundo sabe, la mujer ha de estar vinculada a la familia de manera indisoluble, ya que su meta en la vida es ser una adorable esposa y madre, además de santa y virgen y celosa de su casa y de los suyos. Y es justo por eso que necesitamos una Concejalía de la mujer, claro, no para empoderarla, no para librarla de la losa social  familia-matrimonio-hijos-hogar-ninguneo-asesinato-cositasdeellas, no. Necesitamos una Concejalía de la Mujer para seguir reforzando con dinero público, esos roles sexistas, conservadores y mentecatos, mientras lo disfrazamos todo de “bonito” y “adorable” con casitas de luz y color. Bueno, para eso, y para echar de menos a los Mayas. Eso también.

(Artículo publicado el 16/12/12 en El Norte de Castilla, edición Palencia)

El soundtrack, no podía ser otro: