martes, 26 de febrero de 2013

PUTAS E INVISIBLES

Ays...

No quiero entrar otra vez en este debate, porque me parece bizantino, y porque por cada motivo que escucho en contra de la legalización de la prostitución, se me ocurren un montón a favor. Pero si hay algo que realmente me resulta molesto y cansino -y peligroso- en el discurso abolicionista -como el de Bea Gimeno- es la invisibilización que se hace de tooooooodos los tipos de prostitución que no sean: bio-hombre heterosexual que demanda favores sexuales a bio-mujer heterosexual que trabaja en precario o para un proxeneta que la explota y precariza en un club de mala muerte o en la calle. Olvidando así: la prostitución masculina, la prostitución de lujo, la prostitución matrimonial (ésta, además, exige exclusividad la mayoría de las veces), la prostitución gay, la prostitución bollo, la prostitución trans, la prostitución terapéutica (la gente con diversidad funcional también sexualidad y, por tanto, derecho, a ver satisfechas sus necesidades sexuales) y un sin fin de situaciones más en las que se paga por sexo, igual que se paga por cualquier otro trabajo.
Olvidarse de toda esa diversidad bajo el epígrafe "prostitución", apoyado además en las imágenes que nos evocan a la situación tipo que antes describo (basado en el binomio casi biológico hombre/masculino/hetero/opresor vs. mujer/femenina/hetero/oprimida), invisibiliza todas las demás situaciones, sus contextos, sus diferencias, sus particularidades sustanciales y, en definitiva, vuelve a caer, paradójicamente, en el error patriarcal de siempre, el de invisibilizar las diferencias y homogeneizarlo todo.

No voy a entrar ya en cuestiones de tradición judeocristiana, que son las que nos hacen entender el cuerpo como un templo, como algo sagrado, y todas esas gilipolleces que la cultura neoplatónica ha grabado a fuego en nosotrxs, por muy atexs que seamos. Tu cuerpo es tuyo, lo trates como un templo, como un vertedero, o como te dé la gana. Y si es tuyo para abortar, como tanto defienden los movimientos feministas, no veo motivo por el que para follar por pasta tenga que ser de otrxs. De todos modos, la prostitución no es mi campo de batalla, no soy prostitutx, mi pareja tampoco lo es, y no tengo en mi entorno más próximo a nadie que se haya dedicado a la prostitución. ¿Que si pagaría por sexo? Dependiendo de mi situación personal y de ma´s cosas, es probable. ¿Que si me prostituiría? Depende de en qué situación, y de con quien y de las prácticas sexuales, tampoco podría descartarlo. Claro que tampoco es el aborto mi campo de batalla, porque una noche loca o una rotura de goma a mí no me va resultar nunca un problema embarazoso, para qué nos vamos a engañar. Mi problema, más bien, es que sigo sin verme en los espejos de quienes dicen reflejarme. Mi problema es que sigo sin entender qué hacen ciertas bolleras alzando más la voz  y más fuerte, en contra de la prostitución que en favor de la adopción LGTBQI, o del bulling social y afectivo que sufren lxs adolescentes queer, por poner un par de ejemplos.

Mi problema es que cada vez tengo menos ganas de apoyar ciertas causas que me parecen justas, aunque no sean las mías, porque en el fondo sé que todas esas voces a las que he secundado, nunca van a venir a la hora de interceder por mi disidencia.

Es una cuestión de órdenes. Y privilegios. Quién soy pero también, qué puedo llegar a ser y qué pierdo si esto, o qué gano si lo otro. Sé que el patriarcado lo tiene bien montado y sé, por más que quiera convencerme de que no, que nadie está dispuesto a bajar un sólo peldaño en el escalón social de la cultura de los cuerpos sexuados, sin echar un pulso a muerte con lxs que vienen de abajo.
Y el castigo, para lxs que pierden, no sólo es pasar sin ser vistxs, sino tener que fingir que no ha sido así.

viernes, 22 de febrero de 2013

MANIFIESTO TRANSVIOLETA #23F

Los cuerpos migrantes no nos sentimos representados, ni por quienes deberían representarnos, ni por quienes dicen hacerlo. Pero como ya estamos más que acostumbradxs, no nos importa una mierda. Lxs queer, lxs trasngénero, lxs migrantes, lxs funcionalmente diversxs, lxs precarixs, lxs trabajadorxs sexuales, las bolleras, las maricas, lxs trans, lxs operadxs y lxs que no, cuidamos a vuestrxs hijxs, curamos vuestros cuerpos normativos, construimos vuestras casas heterócratas y vuestros coches patriarcales. Estamos hartxs de que nos digáis cómo debemos comportarnos, cómo debemos follar, cómo debemos interactuar con nuestros cuerpos y cómo debemos establecer nuestras relaciones socioafectivas.
No sé si legión, pero somos muchísimxs, aunque no lo creáis, y estamos cabreadxs. Así que saldremos a la calle este 23F para gritar que estamos hasta las gónadas -protésicas o no- de este sistema binario que se establece y se articula en base a estructuras duales obsoletas y ficticias del tipo hombre/mujer, capitalismo/socialismo, hetero/homo, público/privado, etc. que se alimentan desde el poder y, lo más grave, que se siguen alimentando también desde quienes dicen luchar contra él. 

Por eso uniremos nuestras voces migrantes, desgarradas, roncas, gastadas, chillonas, nasales, olvidadas, mutiladas, periféricas y en tránsito a todas aquellas voces que defiendan una educación y sanidad laicas, gratuitas y de calidad, además de todos aquellos servicios públicos, sociales y culturales que atienden lo diverso. No venimos a hacer las paces con nadie, venimos a por lo que nos pertenece. Uniremos nuestras voces a la marea verde, a la blanca, a la violeta y a todas las que estén dispuestas a dar un puñetazo en la mesa del heteropatriarcado y comprendan que el binarismo es el germen del veneno. 

Porque el capitalismo es el sistema, el patriarcado la cultura, la heterosexualidad la producción y el binarismo la filosofía pérfida que nos sume en el estatismo como cuerpos, como seres y como sociedad. No somos hombres ni mujeres. No somos, sino estamos. Antes bien, somos deriva. Y eso sí, estamos hartxs. 

domingo, 10 de febrero de 2013

OPINIONES, CULOS Y GÉNERO EN LA FM

Iba a hacer una entrada sobre como él otro día, un locutor de radio confundía género con sexo, a raíz de un concurso de carnaval que por lo visto se hace en Aguilar de Campoo, y que consistía también en confundir género con sexo ya que su título -con ese "gracejo" carnavalesco que no tiene gracia alguna- era, precisamente, "cambio de sexo", como si sexo y género fueran la misma cosa.

Iba a hacer una entrada sobre cómo el mismo día, el mismo locutor de radio hacía un chiste sobre la terrorífica celebración -aún, sí- de Las Águedas, asegurando que "las mujeres mandan por un día, aunque muchos dirán que en sus casas mandan todo los días y tendrán razón, je, je". Con tono de chanza, otra vez, con gracejo del que quiere hacerse el gracioso a costa de cosas que no tienen gracia alguna. 

Iba, decía, a hacer una entrada sobre cómo el mismo día, el mismo locutor de radio, criticaba que la llamada "tarifa plana" para autónomxs jóvenes se ampliara 5 años más para ellas (hasta los 35 años) que para ellos (hasta los 30), con un "pues si lo hacen por la igualdad, esto no es igualdad, que lo sepan, esto es discriminatorio. Igualdad es para todOs igual". Quedándose tan ancho, o más, que si supiera algo de políticas de igualdad, integración, pros y contras de la (mal)llamada discriminación positiva, etc.

Iba a hacer una entrada sobre cómo llamé su atención -la de este sapientísimo locutor local- a través de twitter, haciéndole llegar la idea de que me parece muy osado opinar a través de un micrófono de la Ser, con miles de oyentes escuchando lo que él dice, sobre políticas de género sin haber leído nada al respecto. Su repuesta no se hizo esperar: "¿y qué sabe usted lo que yo he leído o no he leído?"- me respondió airado. "Es evidente -repuse-, a poco que se haya documentado unx sobre el tema, no dice 'cosas'". La respuesta, de nuevo, no tardó en llegar, y como si hablara la masa estulta, esa que, según dice Ortega, cocea a la musa, espetó: "Discrepe usted si quiere, pero respete. Su opinión es tan respetable como la mía". Evidentemente, ahí ya me rendí. Me rendí a la violencia que ejerce la estupidez sobre el conocimiento, a la fuerza que deposita por la fuerza, valga la redundancia- la ignorancia sobre el estudio, la chanza sobre la investigación, la creencia popular -y forzosa- sobre el trabajo esforzado.

Mire, no. No todas las opiniones son igual de respetables. Si sumas las horas dedicadas a la lectura, estudio, vivencias reflexionadas y enfocadas desde una perspectiva de género de varias personas, comprenderá usted, querido vocero mentecato, que de su 0 a la suma de cinco o más cifras que pueda sumar -y siga sumando -no ya yo, sino cualquiera que haya investigado y trabajado sobre el asunto- le dará a usted la diferencia aproximada entre su opinión y la de alguien que sí tiene una opinión fundada. 

Porque no es lo mismo, como decía Platón, la doxa que la episteme, y porque empiezo a estar ya de la doxa hasta el ojete. El hecho de que todo el mundo tenga derecho a expresar su doxa, no significa que ésta sea equiparable a la episteme, o lo que es lo mismo, sea respetable en términos de conocimiento. No lo es, ni mucho menos. Mi opinión sobre la medicina no invasiva será eso, una opinión, que al lado de la de unx internista o unx estudiosx en el tema, será desde luego mínima, y no tendrá -y así habrá de ser- relevancia alguna. Porque si a mí me da por decir a través de un micrófono que la medicina no invasiva es una patraña total, "que lo sepan", no sólo no estaré haciendo bien mi trabajo, sino que estaré, con mi "opinión", infundadada, falaz y superficial, comprometiendo la salud de radiooyentes confiadxs.

Iba a hacer una entrada, decía, pero ya no. Porque las opiniones, esto es así, son como los culos, cada unx tiene la suya. Pero no pretendan ustedes, vocerxs que de todo opinan y de nada saben, hacernos creer que todos los culos son igual de respetables ni, mucho menos, igual de follables.
 

sábado, 19 de enero de 2013

Un poema con la palabra Rimbaud


[Si escucháis este soundtrack en forma de vídeo al tiempo que leeis, todo se acercará un poco más al poema que aún no he podido escribir, y gracias a la música de Stendhal Syndrome, vosotrxs creréis que yo he hecho las cosas mejor de lo que podría haberlas hecho.]


Hace mucho tiempo que no escribo una entrada en este blog. Podría decir que hace mucho tiempo que no escribo nada, pero sería mentira. En esta última semana escribí un artículo por encargo y un poema con la palabra Rimbaud incluida en el título. Puede que el poema no fuese gran cosa, pero su título era prodigioso. 

Hace mucho tiempo que no escribo una entrada en este blog. Podría decir que hace mucho tiempo que no tengo nada que decir, pero sería mentira. En esta última semana, he cerrado dos poemarios completos y avanzado notablemente un tercero. Además he estado en China, y en la muerte, y en el destierro. En el destierro también. China y la muerte son un poco la misma cosa. El sábado estuve en Burgos, y en Pekín a un tiempo, mientras estaba ajenx a todo esto. En Burgos y en Pekín a un tiempo mientras mi abuela -que era un poco más bien como mi madre- moría y mi madre -que era un poco, más bien, como cualquiera- me telefoneaba desde el fondo de un personaje de Kundera. 
Mi amiga M dice que en Burgos siempre late el corazón, pero no es verdad. En Burgos siempre se pierde algo. En Burgos siempre -Rodrigo Díaz lo sabe- se cierran todas las ventanas y las noches llevan cartas 
con severas prevenciones y fuertemente selladas. Siempre hay niñas de nueve años, es cierto. Siempre hay cierta clase de amor pugnando por deshacer el frío bajo el hielo, pero los caminos que se abren no son muy transitables, porque la nieve sucia de lxs que tienen miedo va quedando amontonada en las cunetas de la noche y todo empieza a adquirir un aspecto ligeramente caduco y siniestro. Aún así, M tiene razón en una cosa: aunque no prometas mil misas al altar de la virgen, la ciudad siempre está dispuesta para tu regreso porque allí, esto es un hecho, nunca se gana la primera vez, pero siempre se gana algo.

Aun así, como decía, el sábado, en Burgos, China y la muerte. Como decía, Ping Pang Qiu y tres llamadas perdidas. Angélica Liddell y tres llamadas perdidas. El amor roto por aquello que se ha roto, que se rompió por amor, y tres llamadas perdidas e insurrectas vibrando en mi bolsillo, quemando en mi bolsillo como patatas calientes. El teatro y la muerte son la misma cosa. A veces, la misma cosa. El teatro y la muerte. China y la muerte. El destierro y Burgos. Ideogramas y voces, palabras que explotan, que desenfundan y disparan y las voces, el fuego, los discursos a tres manos, los números impares y los besos, también, a veces, necesarios como los víveres. Me gustó todo eso, y más. Las perras en escena, tantas perras -las perras siempre acaban por gustarme, de un modo u otro-, la tensión que se crea entre la rabia y la gestión de la rabia, entre el hedonismo y la disciplina, entre la entrega y el desprecio, entre el dolor y el bálsamo. 

Eso y más. Toda la noche. Muchas cosas. El teatro y la muerte. Su nombre -el de mi abuela-, asturiano como las cosas pequeñas y tristes, como ella, pequeña y tomada como una casa de Cortázar, y Angélica Liddell, mínima, también, pequeña y empañada como se empañan las cosas en La Corredoria. 
La realidad y el deseo. Cernuda y los muchachos. La ficción y el dolor. Muchas cosas.

El fuego y la arena, los elementos, la revolución que se comprende -y sólo se comprende- desde la libertad creadora. Porque Bakunin, porque "la libertad de los demás extiende la mía hasta el infinito". Porque Ortega, porque "donde quiera que las jóvenes musas se presentan, las masas las cocean". Porque la revolución que es contrarrevolucionaria, porque todas las voces del pasado son las palabras con las que la vanguardia resulta indescifrable para los oídos presentes. Muerte y teatro. Teatro y muerte. Tres llamadas perdidas y nuestras vidas son los ríos mientras Liddell es cada vez más Houellebecq y yo soy cada vez más Houellebecq, porque hay días en los que Houellebecq es todas las cosas de este mundo. Porque hay días en los que todxs necesitamos un whisky antes de comer, porque "los taxis son unos cabrones que no se paran aunque unx reviente"; porque "lxs hijxs somos la trampa que se cierra, lx enemigx al que hay que seguir manteniendo y que les va a sobrevivir"; porque "llega un momento en la vida de unx en el que busca un nuevo paradigma: no solamente otra manera de ver el mundo, sino otra manera de situarse con respecto a él"; porque todxs somos un "cambio menor". 

Quería hacer un poema con todo esto. Quería hacer un poema pero cómo podría. Un poema digno, un poema discreto, un poema que, aunque no llevase a Rimbaud en el título fuese, al cabo, un poema de amor, un poema homenaje, una especie de elegía errática que trajese a la memoria y de la mano, la ausencia y la ficción -Ramos y Liddell-, la oquedad de la presencia y la inefabilidad de lo real -Liddell y Ramos-, el bálsamo herido del punto de fusión del teatro y la muerte. Premio Nacional de Teatro y 87 años llenos de cosas que pasan. Que han pasado. Quería hacer un poema. Quería hacer un poema, ya digo, pero cómo. Quería ser un poco Huidobro. Quería parir Altazor. Escribir que "nací a los 33 años el día de la muerte de Cristo". Quería ser un poco Juan Ramón y escribir Espacio. Escribir Espacio y decir algo sobre "el idioma, ¡qué confusión!, qué cosas nos decimos sin saber lo que nos decimos. Amor, amor, amor (lo cantó Yeats), amor en el lugar del escremento”. Quería ser un poco Ginsberg (bueno, en realidad Ginsberg quería ser bastante) y hacer una confesión en forma de aullido, escribir Howl y empezar diciendo "I saw the best minds of my generation destroyed by madness". Algo así quería hacer con todo esto. Un poema como esos. Pero, joder, cómo podría. Aunque no llevase a Rimbaud en el título y no dijese nada de Being Beauteous.

Después el tanatorio y mujeres amenorréicas besando mi cara. Mujeres amenorréicas a las que no conozco, mujeres amenorréicas que se saben mi nombre, y dicen, ¡oh, dios, vaya! y cosas por el estilo, y huelen a maquillaje en crema, a colonia de imitación y a tabaco frío. Estoy cansadx, estoy sentadx, estoy de pie. Tengo un virus haciendo de mi cuerpo un campo de batalla, una muerte y un destierro haciendo de mi cuerpo un campo de batalla, y un poema que no se quiere dejar escribir. Soy todos los poemas no escritos de este mundo mientras mis tripas se retuercen, pero ahora cambiaría todos los poemas no escritos -y los escritos también- por una buena taza de té caliente y un abrazo en condiciones. Me los bebo, los dos. El abrazo y el té. Con limón. El abrazo y el té, y me acuerdo de María Llopis, y de aquella entrada en el blog de María Llopis, y me acuerdo de mi padre. También me acuerdo de él, claro, y de su muerte, y de cómo entonces los cuerpos amenorréicos también se acercaban a mí sabiéndose mi nombre, oliendo del mismo modo y diciendo las mismas cosas. ¡oh, dios, vaya! Añadiendo un ¿estás aquí ahora? que lejos de ser ontológico es estúpido. No vas a poder reconfortarme, queridx, no así. No me conoces de nada, y tu torpeza indiscreta me dice que así va a seguir siendo.

Escribir un poema enorme. Cómo podría. Me vienen un par de versos que ya he olvidado y se me cruzan imágenes de Liddell sobre el escenario con otras del último día que la vi, a mi abuela digo, apenas un día. La última fotografía que le hice, que nos hicimos, con mi móvil, se funde con la imagen de las protestas de la plaza Tian'anmen. Los pequeños cuerpos frente a los poder fácticos. En mi foto y en el escenario. Los pequeños cuerpos peleando, pequeños y tristes, todas las cosas inconmensurables. En el escenario, y en mi foto. Este fin de semana no era para tener a la muerte cerca. Ni para el teatro tampoco. Este fin de semana era para viajar a Granada -Granada, su Granada, la de Federico, digo- y dejarse llenar de Ladyfest. Este fin de semana don't tag era para Coco Riot, Madeleine, Scooby Dub y todos los Good save the queer que han hecho posible esa genderfucker. Este finde de semana era para mear, de pie y sentadx, en todos los retretes de este mundo, y hablar de literatura queer y dejarse 'queerer' por la Alhambra y do it yourself todo el rato. Era para la acción, no para la muerte en escena, ni para los poemas que no habrán, nunca de escribirse. No para hacer esta entrada, ni para el coche en el taller -reparación nimia pero premonitoria como una novela de Ray Bradbury-. No para abrazar a mi hermano, no para que mi amor me abrace y llorar en medio de la noche. No para el teatro y la muerte. No para el teatro de la muerte. No para la muerte del/en/al/por/entre/sin/durante el teatro. No para haber deseado escribir un poema mejor o acordarme de aquella frase de Loriga: "al final, la vida siempre te ofrece un trato".

Hace mucho tiempo que no escribo una entrada en este blog. Podría decir que hace mucho tiempo que no escribo nada, pero sería mentira. En esta última semana escribí un artículo por encargo y un poema con la palabra Rimbaud incluida en el título. Puede que el poema no fuese gran cosa, pero su título era prodigioso.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Los Mayas en familia


El próximo viernes, usted apagará el despertador murmurando entre dientes algo confuso e inofensivo, pero lo suficientemente embarazoso como para no ser reproducido aquí; se aseará, se vestirá, desayunará a toda prisa mientras oye con fastidio el pitido de las señales horarias, se pondrá el abrigo –tenga por cuenta que el 21 de diciembre, aunque se acabe el mundo, hará el suficiente frío como para que no escatime usted en prendas de abrigo y el Apocalipsis no le pille con un gabán de entretiempo- y saldrá por la puerta con la premura de quien lleva el reloj atrasado, además del sueño y las facturas. Sonreirá, eso sí, probablemente no mucho, pero sin duda algo más que el martes, porque los martes son siempre días tristes regidos por un dios insoportable, y celebrará el principio del fin –del fin de semana, claro- tarareando bajito esa canción que de pronto suena en la radio de camino al trabajo.
                La jornada irá transcurriendo sin mayores contratiempos y quizá a media mañana, su compañera haga alguna broma a cerca de la caducidad del mundo y la profecía Maya, y usted recuerde de pronto que ése es el día en que todo se acaba, aunque no vuelva a darle importancia al final de los tiempos hasta pasadas las siete, cuando de vuelta a casa escuche en alguna de esas tertulias radiofónicas, hacer chanza al respecto a algún tertuliano condescendiente y capcioso, encantado de haberse conocido. Después hola qué tal, si le espera alguien en casa; y la cena y la tele o si hay suerte el amor y entre las sábanas, a salvo ya de pronósticos apocalípticos, pulsará el interruptor de la luz de la mesilla y todo será oscuro.
                ¿Que mañana se hará la luz? Pues muy probablemente; pero mientras tanto, los Mayas y el recuerdo del amor –si ha habido fortuna- en la noche sombría. Al menos hasta que la luz se haga y alguien venga a refundar el mundo.        
                Y es que los Mayas no eran tontos. Quiero decir que, últimamente, se está hablando mucho a cerca de las siete profecías Mayas, sobre todo de ésa que parece señalar que el próximo viernes, el veintiuno de diciembre del año 2012, el mundo se acabará, pero la verdad es que los Mayas no decían las cosas por decir. No me interpreten mal, evidentemente no estoy diciendo que el próximo viernes el cielo y la tierra se abran a nuestros pies y de pronto el Armagedón y de pronto el Apocalipsis y de pronto una película de Spielberg pero de verdad, de esas en las que tú eres el protagonista; una peli de verdad, de esas en las que todo, pero todo absolutamente, incluida tú y lo que te circunda, se va a la mierda. Incluso todo aquello que seas capaz de imaginar, o recordar, o qué se yo. De pronto el Big Crunch y el The end de todas las cosas de este mundo, mismo mundo incluido. Pero no. No se hagan ilusiones.
                El Gran Colapso no llegará –seguramente- antes de la Navidad, y al día 21 de diciembre del año 2012 le sucederá casi seguro el día 22 del mismo mes y año, fecha en la que muy probablemente vuelva a no tocarle la lotería, tan sólo la devolución de lo jugado en ésa participación que le compró a su jefe por compromiso y que ahora le da vergüenza cobrar, porque son tan sólo seis euros, de los que uno dona a la Cofradía ésa a la que él pertenece y que a usted le resulta más que antipática. No quiero yo robarle las ilusiones del fin de la tierra, ésa es la verdad, pero muy probablemente, al 22 le sucederá el 23, predicción mediante, y a éste el 24, fecha en la que el Armagedón predicho por el pueblo mesoamericano no le librará tampoco –una lástima- de tener que lidiar a un tiempo con su madre y su cuñado, todos juntos a la mesa y bien revueltos, mientras trincha el pavo y piensa que ojalá los Mayas y Spielberg y la noche. Mientras mastica un polvorón pastoso y musita para sí que ojalá el amor entre las sábanas.
                Asúmalo. Las predicciones Mayas no van a llegar a tiempo. Habrá retrasos y cancelaciones, como en las compañías aéreas y los viajes transoceánicos, y no vendrá nadie a devolvernos el pasaje, las esperanzas puestas en el fin de los días. Si la curiosidad nos mueve y tenemos cuenta en twitter, preguntaremos a la NASA, como otras 5000 personas que en las últimas semanas les han consultado sobre el asunto, el de las predicciones Mayas sobre el fin del mundo, y la NASA nos responderá con un brevísimo mensaje tipo, asegurando que se trata de una mala interpretación de su calendario, y que los Mayas hablaban más bien de un cambio de ciclo. 
                La respuesta tal vez nos calme un poco, pero los días se sucederán tercos sin que nada ocurra, más allá de las luces ostentosas que preñan la ciudad de espejismos nocturnos, que seguirán encendidas después del día 21. La predicción maya no remediará tampoco el talante rancio, posguerril y beato de este ayuntamiento nuestro, que desarrolla un programa para estas fechas bajo el título “El espíritu de la Navidad en familia” (en realidad dirigido, básicamente a la infancia) y que depende –agárrense- de la Concejalía de la Mujer, porque como todo el mundo sabe, la mujer ha de estar vinculada a la familia de manera indisoluble, ya que su meta en la vida es ser una adorable esposa y madre, además de santa y virgen y celosa de su casa y de los suyos. Y es justo por eso que necesitamos una Concejalía de la mujer, claro, no para empoderarla, no para librarla de la losa social  familia-matrimonio-hijos-hogar-ninguneo-asesinato-cositasdeellas, no. Necesitamos una Concejalía de la Mujer para seguir reforzando con dinero público, esos roles sexistas, conservadores y mentecatos, mientras lo disfrazamos todo de “bonito” y “adorable” con casitas de luz y color. Bueno, para eso, y para echar de menos a los Mayas. Eso también.

(Artículo publicado el 16/12/12 en El Norte de Castilla, edición Palencia)

El soundtrack, no podía ser otro: 

lunes, 10 de diciembre de 2012

TENGO UN PLAN

Ayer por la noche yo no tenía ninguno. Ningún plan, me refiero. La tele estaba puesta de fondo, porque ya habíamos visto lo que queríamos ver y porque el ruido no siempre se hace a sí mismo, y de pronto aparecíó este anuncio de la marca de ropa Desigual:
Vaya por delante, que nunca me ha gustado la ropa de esa marca pero, independientemente de eso, el spot suscitó en mí una reacción de rechazo. Comentándolo con Z, y analizándolo después, llegue a algunas conclusiones:
El spot plantea como protagonista a una mujer segura de sí misma, independiente económicamente y agresiva sexualmente. De hecho, muchas de las críticas que ha recibido van en la línea de que el anuncio da una imagen de una mujer independiente sexualmente, y, por tanto, "zorra", "puta", y todas esas cosas que la sociedad dice -con intención de maldecir- de las sujetas que deciden lo que hacen con su cuerpo. Pero, aunque aparentemente pudiera parecer que esta chica es "sujeto activo" en la relación que proyecta en la narración-discurso del spot, nada más lejos de la realidad. 
El hombre con el que quiere acostarse -y para el que se viste, se desviste, se mueve y se muestra- es su jefe, por lo que está, por un lado, en un estrato superior en la jerarquía de la empresa -y por tanto en la jerarquía económica, organizativa, etc.-. 
-Por otro lado, y aunque pudiera parecer que el que es "objetualizado" es el hombre (que no aparece pero está tan presente que es sobre quien se articula todo el spot), lo cierto es que, en esencia, el anuncio consiste en una mujer buenorra -heteronormativamente hablando, claro, según los cánones más mainstream de belleza femenina-, deviniendo objeto que es consumido por el espectador, lo que hace, en realidad, que el anuncio se lea como: mujer blanca heterosexual de clase burguesa mostrándose ante el espectador -utilizando la pantalla a modo ventana (y no espejo, como parece desde un punto de vista narrativo) a través de la que es mirada, deviniendo en objeto, pasivo, etc, siendo, por tanto, un anuncio que, tras su apariencia "feminista", destila sexismo y heteropatriarcado a raudales, y confunde "feminismo", con aspiraciones de una hetero blanca, occidental y burguesa -muy a lo revista Cosmopolitan- y toda esa mierda que nos vendieron como "feminismo" en los '90 y que, por desgracia, es lo que la mayoría sigue creyendo.

Pero esta marca no se conforma con un anuncio. Vean:

En este caso, la mujer que se pretende mostrar es una mujer desinhibida, fresca, dinámica, aventurera, viajera e independiente, además de, también, sexualmente agresiva -como la anterior-. Pero lo cierto es que el anuncio se convierte -otra vez- en una mujer objetualizada que se desnuda, se mueve y se muestra para el espectador (además, ella no es consciente de que está siendo observada), por mucho que la voz en off quiera convencernos de lo contrario, y tan estúpida y superficial -en el sentido de manejable, claro, todo el mundo tiene derecho a ser superficial- como el patriarcado espera que sean las mujeres. La tipa dice estar harta de la crisis -lxs demás no, a lxs demás nos gusta- y se va a tomar un año sabático -porque su culito blanco, hetero y burgués puede, claro-. En el spot, se plantea, además, una visión profundamente superficial, confundiendo "vida salvaje" con viajecito exótico de burguesita mona que juega a hacerse la excéntrica, y resulta, de nuevo, tan odioso, tan capitalista, tan patriarcal y tan burgués, como el anuncio anterior. En este caso, la aparición al final del supuesto novio de la chica (aparentemente sumiso, obediente, complaciente, etc.), pudiera otra vez, confundirnos, pero lo cierto es que ella plantea su viaje, también, en función de los hombres.

Y como lxs publicistas de Desigual querían... bueno, no sé qué demonios querían, pero el caso es que hicieron un tercer spot, que yo he reservado para el final:

La verdad es que este spot es el que menos se ha visto/comentado/visionado -hasta estas cotas llega la invisibilidad lésbica-, pero de verdad, ¿era necesario hacerlo así?. De nuevo una mujer buenorra, blanca y heterosexual -sí, has leído bien, heterosexual-, que se "redime" de su heterosexualidad -cosa que le honra- y se lía con... con... sí, con una brasileña. ¿Puede ser más tópico? Pues sí, puede. Veamos cómo:
La novia brasileña, en cuestión, quiere ser representada como la "masculina" de la relación (dando por hecho que en toda relación lésbica se reproducen los roles hetero), pero como la masculinidad femenina es material inflamable en esta sociedad nuestra, se elige a una modelo, igual de femenina que la primera, sólo que con el pelo corto, como si la feminidad o la masculinidad se construyeran en función de la largura del pelo. Además, si bien es cierto que se hace referencia a una relación lésbica, ésta aparece recreada -de un modo muy sutil- para uso y disfrute, no del público lésbico (posible comprador de Desigual, por cierto) sino del público masculino heterosexual, tirando de fantasías clásicas heterocentristas. Sin embargo, la relación no se explicita a través del monólogo interior pues, a diferencia de los otros dos spots, donde las mujeres dicen literalmente "tirarse" o "acostarse" con hombres, en este caso, cualquier palabra que aluda directamente al sexo desaparece, y en su defecto se alude a "mimitos", "rascamientos de espalda" y "desayunos en la cama", lanzando dos mensajes venenosos: el de que para que haya sexo ha de haber por fuerza un bio pene (¿hay mayor paradigma patriarcal que éste?) y el de que las lesbianas no follan (claro, no hay bio pene), sólo se abrazan muy fuerte. 

En realidad, los tres anuncios son el mismo anuncio: una mujer joven (las mujeres mayores no existen, la vejez femenina no es compatible con la publicidad patriarcal) que proyecta un espejismo de independencia, una falsa ilusión de empoderamiento lanzada en voz en off, mientras sigue siendo objetualizada por quien mira sin que ella lo sepa (la cámara-ventana a través de la que miramos es para ella un espejo), planteando además, como paradigma femenino, la mujer joven, blanca, burguesa y hetero (o pseudo hetero) y dentro de los cánones de belleza que el patriarcado quiere para ella. Una mujer tipo, una mujer paradigma, que articula un sistema simbólico con elx espectadorx que se instala en la categoría -estanca- de "lo que tiene que ser una mujer", identificando la categoría simbólica y fija "mujer" con la marca, y permitiéndose apenas pequeñas variables -casi imperceptibles- que diversifiquen de un modo superficial y por tanto amplíen el abanico de compradorxs potenciales de sus productos.

No sé vosotrxs, pero yo ya tengo un plan. Es este. Suena bien. De hecho, suena muy bien. Y no es bonito. 

domingo, 25 de noviembre de 2012

EL MANIFIESTO DESASTRE

Esta mañana he decidido asistir a una contra-manifestación que se realizaba en Palencia, con motivo del día contra la violencia machista, 25N. La manifestación oficial, secundada por las cuatro instituciones (el PP gobernando en todas ellas) y otros colectivos de dudoso feminismo, como asociaciones de viudas cristianas y something like this, defendía un manifiesto que no he podido encontrar en red y, por lo tanto, no puedo reproducir aquí, pero como os podéis imaginar, un manifiesto que yo jamás suscribiría (teniendo en cuenta leyes del aborto, precariedad, recortes de derechos sociales, ley de dependencia, etc.). 
Por su parte, la oposición política (PSOE e IU) , junto con otros colectivos que conforman la Plataforma por los derechos de las mujeres -Amnistía Internacional, Cátedra de género, etc.- se desmarcaron de dicho acto institucional y en realidad, retrógrado y nada feminista, para montar su propio acto, al que yo he asistido esta mañana.  
El acto, acompañado por un poético acto performativo inspirado en un acting cuyo nombre ahora no recuerdo, ha sido sellado con la lectura de un manifiesto. Un manifiesto que me ha llevado a escribir esta entrada, entrada que, en realidad, debería empezar así:

Queridxs niñxs: no escribáis manifiestos. De verdad, dejadlo. Ya lo hicieron Marinetti, Bretón y Tristan Tzara. Y es suficiente.

Resumiendo. No puedo suscribir ese manifiesto, que podéis leer aquí, por varios motivos, pero fundamentalmente por lo que le falta y, sobre todo, por lo que le sobra. 

Y para su lectura, la playlist del Manifiesto desastre. que podéis escuchar mientras leéis, o al revés:


QUÉ NO HAY

En el manifiesto alternativo no hay ni una sola alusión a la violencia machista en relación a las personas migrantes, ilegales, con diversidad funcional, personas de otras etnias, religiones etc., que sufren de un modo mucho más intenso y silenciado la violencia machista y otro tipo de violencias que entroncan directamente con ésta, no sólo por parte de sus agresorxs, sino también por parte de las instituciones y del grueso de la sociedad. 
No hay ni rastro tampoco en ese manifiesto de denuncia o condena hacia otras formas de violencia machista, como la lesbofobia, la bifobia o la transfobia, violencia que muchas personas de esos y otros colectivos sufrimos casi a diario, y que no se traducen necesariamente en insultos ni vejaciones, sino que pasan, la mayoría de las veces, por silenciar nuestra voz -como mismamente hace este manifiesto- e invisibilizarnos por completo. 
Tampoco hay rastro en el manifiesto de alusión alguna a la violencia machista o estructural entre personas que forman parejas del mismo sexo, a pesar de la absoluta indefensión que, a nivel legal, tenemos las personas del colectivo LGTBQI en relación a la violencia doméstica, puesto que, en nuestro caso, ni siquiera es considerada como tal.
Ni rastro tampoco de reflexiones a cerca de los mecanismos de poder que extiende el machismo en la sociedad y sobre los que se estructura; ni rastro de la dominación por parte del hombre de los espacios públicos; ni rastro de una reflexión sobre los micromachismos, el mito del amor romántico, o simplemente los manidos y peligrosos estereotipos de género, elementos que nutren al machismo desde lo más cotidiano e imperceptible. Ni rastro de una mirada crítica a la hegemonía de la familia tradicional, heteropatriarcal, como modelo de perpetuación de una ideología falocéntrica, heterócrata, blanca, capitalista y misógina. 
Ni rastro.

QUÉ HAY

Hay, claro, una crítica al modo inquisitorial con el que los hombres blancos heterosexuales y burgueses, como Gallardón, siguen legislando -y por tanto decidiendo- sobre los cuerpos de las mujeres (por ejemplo, en relación al aborto) pero el manifiesto se olvida de denunciar ese mismo sometimiento para todo cuerpo no hegemónico. Es decir, las instituciones detentan la potestad de legislar no sólo sobre los cuerpos femeninos -violencia obstétrica-, sino también sobre otros cuerpos disidentes -intersexuales, transexuales, cuerpos no normativos, cuerpos con diversidad funcional, etc.-, bien a través de la patologización, bien a través de la legislación o de ambas, funcionando como verdaderos mecanismos de control que el Estado proyecta sobre las disidencias.

En el manifiesto, hay datos, cifras, estadísticas y porcentajes sobre mujeres asesinadas a manos de sus parejas masculinas y datos sobre los recortes -incuestionables, vergonzosos, sí, claro está- que este Gobierno está llevando a cabo y que se están cebando, como era de esperar, con los sectores más desprotegidos de esta sociedad capitalista y por tanto machista y por tanto heteropatriarcal nuestra. 

En el manifiesto se confunde de manera escandalosa, la prostitución con la trata de blancas, como si fuesen la misma cosa. Como si la mujer no tuviese suficiente potestad sobre su cuerpo como para tomar la decisión de explotarlo económicamente de modo autónomo siempre que quiera y con quien quiera. Como si el peso de la religión católica y el cuerpo como fuente de pecado en vez de de placer, siguiera marcando la hoja de ruta de algunos movimientos que se hacen llamar "feministas". No voy a suscribir jamás un manifiesto basado en un feminismo abolicionista que infantilice y deslegitime a lxs trabajadorxs sexuales despojándolxs, igual que hace el patriarcado, de derechos, de libertades, de capacidad de decisión y de voz. Sobre todo de voz. Lo dice Bea Espejo en su ensayo Manifiesto puta (sí, lo sé, otro manifiesto): han hecho más por mí muchos clientes que algunas feministas. Y ya es triste. 

En el manifiesto se condenan, además, las prácticas sexuales basadas en la dominación, negando mi derecho a decidir ser, voluntariamente, dominadx por mi pareja o parejas sexuales, sean éstas de los géneros que sean, confundiendo así prácticas sexuales SM (SadoMaso) basadas en un contrato libre entre dos o más partes, con la instrumentalización o dominación forzosa a la que el patriarcado somete. Como si no tuviéramos derecho a ponernos cachondxs con lo que nos dé la gana. 

No se puede confundir prostitución con trata de blancas, del mismo modo que no se puede confundir sexo SM con violación o dominación sexual forzosa. Hacerlo no sólo confunde a personas libres con víctimas y/o verdugxs, sino que desdibuja el panorama real y sigue, sobre todo sigue, hablando por voz de lxs que nunca están, de lxs que nunca son preguntadxs, de lxs que siempre son y siguen siendo, en definitiva, silenciadxs. Como si interesara más instrumentalizarlos que proporcionarlos instrumentos de autonomía. 

Hay también un asunto, en este aspecto, de estereotipación de la violación, como si la sociedad -patriarcal, recordad- dictara a las víctimas lo que tienen que sentir, para perpetuarlas en el victimismo y forzarlas a asumir una serie de emociones como propias. En este sentido, recomiendo la lectura de Teoría de King Kong, de Virginie Despentes.  

Además, el manifiesto promueve una educación afectivo sexual distinta para ellos que para ellas, afirmando, por una lado, la existencia de sólo 2 géneros -por lo que las personas intersexuales, transexuales, transgénero y queer, no estamos representadas- y por otro lado, llega a pedir que a ellas se les inculque el conocimiento del propio cuerpo y la libertad de su uso, y  a ellos la responsabilidad en la sexualidad compartida, manteniendo ya diferencias entre ambos y, por tanto, fomentándolas. Como si conocer el propio cuerpo, usarlo en libertad y ser responsable sexualmente no fuese universal y extensible para todas las personas, sean del género o géneros que sean.

Y POR ÚLTIMO

Si mi verbo es violento con muchos aspectos de este manifiesto, es porque considero que puedo exigir más a quienes están -o se supone que están- en sintonía conmigo. No voy a enfadarme con el foro de la familia, ni con las viudas católicas que suscriban el manifiesto institucional auspiciado por las instituciones. Sé como son, sé lo que dicen y en ningún momento insinuaron siquiera que sus palabras fueran a darme voz. Pero sí tengo -creo- derecho a exigir de quienes se dicen defensores de las libertades, que contemplen todas ellas, que contemplen lo diverso, lo múltiple y lo invisible.

El foro de la familia no me desilusionará jamás, ni el PP, ni Gallardón. No he confiado en ellos. No los he dado mi voto, ni mi apoyo, ni mi tiempo. Pero sí lo hacen quienes supuestamente promueven libertades y sólo visibilizan algunas. Sí lo hacen quienes quieren acabar sólo con aquellos yugos que les aprietan a ellxs y quienes utilizan un manifiesto contra el machismo -porque decir violencia machista es en realidad un pleonasmo- más para criticar a Gallardón que para dar voz a quienes nunca tienen voz alguna en ninguna parte.

Porque al final, como bien me decía Z esta mañana, creo que la única diferencia entre el manifiesto oficial y el contra manifiesto es que en uno no se critica a Gallardón y en otro sí. 

Yo a Gallardón no voy a pedirle peras (ni siquiera me engañó cuando para muchxs era un lobo con piel de cordero), pero a IU -a quien he dado mi voto y en cuyo programa sí se contemplan muchas de las cuestiones que refiero anteriormente- y al resto de los colectivos, sí; porque si, por ejemplo, la Cátedra de Género se llega todavía por el feminismo de la diferencia de los años '70, apaga y vámonos. Claro que, igual, esta mañana debería haberme quedado en casa, con lo que llovía, deseándole vía twitter muerte y destrucción al heteropatriarcado y recordando aquel gran micropoema de Ajo
Perdona por pedirte peras, no sabía que eras un olmo. 
Pues eso. El manifiesto desastre, un desastre manifiesto.