jueves, 8 de agosto de 2013

Cartografías de la caca


Leo sobre torturas. Sobre ultrajes varios. Torturan a sirios en Siria, a maricas en Rusia, a mujeres en bikini, a paradxs endeudadxs, a toros en Tordesillas. Y todxs esxs torturadxs son intercambiables entre sí por todxs esxs torturadorxs. La sociedad en la que vivimos veja, destruye, fuerza, viola, somete, expolia, explota, humilla y aniquila la vida. La vida en todas sus formas. La vida así, en general. Lo que late, lo que respira, lo que transpira, lo que crece. Pero resulta que lo hace proporcionando, además, previamente, un dolor indescriptible, una tortura enfermizamente sádica e inexpugnable, inabarcable e inconcebible muchas veces para el entendimiento, llamémosle humano, que hace verdaderamente imposible distinguir el dolor entre tanta herrumbre justificatoria y putrefacta. 


"Su mejor cliente".
Viñeta de Winsor McCay, 1917
Hemos llegado a un punto en el que la ética dialógica de Habermas es apenas un metro de papel higiénico barato con el que limpiarnos las toneladas de mierda que llevamos encima. No nos sirve. No nos vale. No es, en verdad, suficiente. Ni mucho menos. Y lo siento por Habermas, y mejor aún: que se joda Habermas. Decía Marcuse que "las sociedades opulentas absorben toda contradicción", y que por eso no podemos en realidad, muchas veces, hacer fuerza contra la fuerza. Digo esto porque creo, muy a mi pesar, que hemos llegado a un punto en el que nadar en mierda nos ha llevado a especializarnos en desechos, y ahora venimos dándonoslas de gourmets comecacas que distinguen el purín del mojón sólido, y así hasta un sinfin de subtipos de excrementos putrefactos, como hiciera ya una vez Aristóteles con los géneros literarios. Es así. El hombre blanco heterosexual aspirante a burgués (ya ni a eso llega), es un yonki de las cajitas con etiqueta, y aun cuando todo explota, él sigue teniendo la necesidad imperiosa de clasificar su ropa sucia: aquí los orines, aquí las zurraspas. En realidad, es un modo bastante patético de tratar de mantener el control cuando todo se ha ido a la mierda, peor aún, cuando todo se ha convertido en ella, y en vez de asumir que todo es ya más bien detrito, y que el detrito es, al cabo, desechable, no cesa en su empeño de clasificar lo inservible, no con la intención de reciclarlo, sino como una simple manifestación de su peripatética neurosis.

La clasificación consiste, fundamentalmente, en decidir qué es más y qué menos importante, y qué mierdas han de ser limpiadas con más urgencia que otras. Lo que no deja de ser curioso en un mundo que chapotea en un lodazal de deshechos. Pero los caminos de la neurosis del hombre blanco heterosexual y cuasiburgués son inescrutables, así que éste empieza a disponer, a jerarquizar la limpieza de la mierda y su importancia y por tanto, a decidir arbitraria y subjetivamente a partir de una suerte de BIBAH LLO, qué cosas son urgentes y qué cosas son "pequeñeces", "inmundicias", "pequeños traspieses" que habría que eliminar -nótese el condicional- pero que "no urgen"  porque -y esta es mi parte favorita- "con la que está cayendo, hay que establecer prioridades". 
Evidentemente, la pregunta que surge es que quién establece esas prioridades y, evidentemente, la respuesta -variación arriba, variación abajo- viene siendo "mis cojones", lo que, mira tú por dónde, no hace sino echar mierda sobre mierda, humillación sobre humillación, sometimiento sobre sometimiento, como si no tuviéramos ya bastante.

No me gustan los toros, PERO; No soy racista PERO; No soy machista PERO; Soy ecologista PERO son algunas de las consignas más utilizadas por estxs  salvadorxs de la patria que con el cuento de su neurosis jerárquica, vienen a seguir añadiendo leña al fuego putrefacto. Como si no ardiera éste ya lo suficiente. 

"Coffee break" (Fotografía tomada durante la II Guerra Mundial)
Porque, si la crisis comienza a ser la excusa para ser permisivxs con: 1, 2, 3, responda otra vez: la tortura y explotación animal, la homofobia, la transfobia, la lesbofobia, la muerte como espectáculo, la explotación, el machismo, el paternalismo y un sin fin de "cosas menos importantes", lucharíamos tan sólo por aquellas causas que el pensamiento/clase/género/raza dominante considere "importantes", por lo que estaremos añadiendo más dominación aún, más fango descompuesto, más podredumbre apestosa. La mierda es mierda toda, y toda huele mal. Es más, todos los detritos de este mundo, la tortura animal, la hegemonía del capitalismo salvaje y del heteropatriarcado, el apestoso etnocentrismo antropocéntrico y un sin fin de cacas más, tienen su origen en el mismo crimen: una falta absoluta de empatía para con elx otrx y un deseo turbio, tanático y obsceno de dominación. Y hasta que no entendamos esto, hasta que el machirulo anarcomierder no entienda que su lucha contra el capital no es más importante que la lucha contra el binomio de género o la feminista de libro no entienda que su lucha contra la dominación patriarcal no es menos importante que la lucha contra la explotación y el maltrato animal, por poner sólo dos ejemplos, no sólo no estaremos haciendo nada para mejorar el mundo, sino que estaremos alimentando a la bestia, y contribuyendo aún más a que este lodazal inmundo de putrefacción enfermiza colmado de mierda sanguinolenta y lacrimógena en la que se hunden las lágrimas purulentas de lxs torturadxs vivxs, siga creciendo y creciendo, mientras metemos las heridas en cajas, lxs muertxs en cajas, y vamos, como sádicxs y metódicxs bibliotecarixs, cartografiando la caca y tejuelando el exterminio de la vida, en todas sus formas.

martes, 6 de agosto de 2013

Derivas

Leo. Releo. Me dice. Le digo. Me pide. Me demoro. Me pide. Le pido. Se demora. Me demoro. Me demoro. Se demora. Tardo. Me siento. Escribo. Reescribo. Una tilde. Dos comas. Un punto. Apenas. Nada. Casi nada que merezca ser contado. Me dice bien. Me dice. Dice. Está todo bien. Me dice. Fotos. Un par. Tal vez tres. Tres fotos. Tres fotos y luego un párrafo se esfuma. Mi párrafo se ha esfumado. Me dice. Me dice. Esfumado. Y estaba justo aquí. Me dice. Justo aquí. Esfumado.

ES

FU

MA

DO

Como un contenedor flotante en una ciudad portuaria. 

Derivas.  

Imagino al párrafo, tremenda masa errática de amasijos narrados, amarrados con bridas textuales, flotando a la deriva, derivándose en tus túes, en mis yoes, en nuetros BLA, BLA, BLA. Flotando. Desmenbrándose de consonantes que varan contra rocas de significados huecos, formando sedimentos que silabean voces que nunca habrán ya de ser narradas. Rastreándose bajo el agua como actantes desconyuntados. Los párrafos perdidos no flotan, se sumergen como selvas sumergidas y ya nadie vuelve jamás a seguir sus rastros. 
Se derivan en salinidades ásperas y todo lo que una vez fueran a decir se convierte en todo lo que una vez ya no dijeron. 

Mi párrafo. Me dices. Ya no está. Estaba pero ya no está. Mi párrafo ya no está, insistes, y todo se vuelve no contado. Como una metáfora no dicha que hubiera perdido un sema en la humedad caliente del beso que no me has dado. 

lunes, 24 de junio de 2013

Punkies con vocación

¿Quieres ver cómo tús hijos se divierten, realizando actividades, aprendiendo o bailando con las animadoras? Trae a tus hijos al centro lúdico --------.

Esta cantinela suena varias veces cada día en la radio local, promocionando un centro lúdico or something like this, uno de esos lugares en los que lxs tutorxs aparcan a su prole ocho horas diarias. Como un aparcachoches de pago, pero de niñxs, y subvencionado por el Estado (en detrimento de las escuelas infantiles públicas, of course). 
Si analizamos de un primer vistazo el texto del reclamo, podemos suponer que éste utiliza un lenguaje inclusivo (pues introduce el femenino), pero si nos fijamos bien, veremos que, en realidad, se trata de un texto, no ya hegemónico, sino directamente, machista, sexista y muchas cosas más. Veamos:

1. Si el texto hubiese querido ser inclusivo, hubiese usado "hijos e hijas", por ejemplo, o -más inteligente- hubiese evitado la marca de género. Algo como: "quieres ver cómo tus peques se divierten, bla bla bla...". Pero no hace ninguna de las dos cosas.
2. Si el texto no hubiese hecho una reflexión atravesada por la idea de género, en ninguno de sus aspectos, se hubiese limitado al uso del masculino, que es el género gramatical no marcado en nuestra lengua y, por tanto, el que tradicional y hegemónicamente se utiliza por defecto para universalizar. Si esto hubiese sido así, el "tus hijos" se hubiese quedado tal cual, pero  la otra marca de género que aparece en el texto, en el Sintagma Nominal "las animadoras", hubiese mantenido también el masculino, teniendo que ser, obviamente, "los animadores". La llamada publicitaria, en este caso, quedaría tal que así: ¿Quieres ver cómo tus hijos se divierten, realizando actividades, aprendiendo o bailando con los animadores? Ven al centro lúdico --------

¿Dónde está el problema?, pensaréis, y tendréis razón. Pero para las mentes enfermas de heteropatriarcado,  que un hombre haga tareas de animador es denigrante (a no ser que sea monitor de campamento, lo que le imprime cierto rango jerárquico, valor siempre masculino), porque lo masculino no puede ser lúdico. Pero no  queda ahí la cosa, sino que se trata, en efecto, de animar a la infancia, y aquí ya la cosa se complica sobremanera, porque el cuidado de la infancia es y sigue siendo, algo vetado para los (bio)hombres. Desde el feminismo se habla mucho a cerca de la ternura masculina y de la implicación de los hombres en la crianza de sus hijxs, pero se dice muy poco a cerca de los (bio)hombres y la crianza de lxs hijxs de lxs demás. La profesionalización del cuidado dentro del ámbito masculino sigue siendo un tabú más pesado que una losa, y por eso este tipo de mensajes, arrastran este peso en forma de discurso. Además, el cuidado de los (bio)hombres para con la infancia, se sigue relacionando, desde muchos ámbitos, con cuestiones cercanas a la pedofilia y de un modo indirecto, a la homosexualidad masculina, vinculada con ésta, haciendo así un cóctel de mitos venenosos que resulta letal para todxs. 

Una vez tuve un alumno punky -un buen alumno con un mal expediente-, que descubrió su vocación en la educación infantil. Consiguió el título de Técnico Superior en Educación Infantil, y me contaba que era el único (bio)hombre de su promoción. Cuando volví a verlo, después de unos años, me dijo que andaba en otras cosas "imposible trabajar de lo mío si eres un tío". Ésas fueron sus palabras. 

Así que, ya sabéis, si queréis que vuestra prole crezca en un lugar en el que, a través del lenguaje, se sigue alimentando la violencia, en un lugar en el que se sigue considerando a la mujer digna de "animar" y "bailar" con tu descendencia (porque todo el mundo sabe que las mujeres no sienten ni pueden sentir deseo sexual alguno, y además "se les dan muy bien lxs niñxs por naturaleza"), pasad de largo este tipo de mensajes. Yo seguiré prefiriendo estar alerta a las palabras, que nos dicen quiénes somos, cómo somos. Porque, si tengo que elegir, prefiero que sea un punky con vocación el que baile con la infancia de este mundo.

martes, 21 de mayo de 2013

PUERTOS DE MONTAÑA

Iba a hacer una entrada -que otro día haré- sobre el equivocado concepto de "lenguaje inclusivo" que tiene -o tenemos, muchas veces- el grueso de la sociedad, pero me topé con el proyecto de Óscar D'Aniello (Delafé en Delafé y Las Flores Azules) y quise compartirlo con vosotrxs. "En el fondo -dice él-, se trata de ir a lo conocido, el pueblo de mi padre, desde lo conocido, pero atravesando lugares que no conozco". Llevar las cenizas de su padre hasta el pueblo de éste, un pueblo con nombre de 'deseo' -Desio-, muy cerca de Milán, pedaleando en su bicicleta desde Barcelona. Porque su padre y él ya tenían los billetes de tren comprados para hacer ese viaje, pero el cáncer llegó antes, la prisa llegó antes, y la muerte, que siempre esprinta en las líneas de meta, ganó por la mano. 

En realidad, la muerte te sitúa en lugares estratégicos. Y te hace escribir poemas, o dejar de escribirlos, llegado el caso. Te lleva a pedalear desde Barcelona hasta Milán y a ser un poco Ulises y Penélope al mismo tiempo, porque avanzas con la esperanza de hacer más llevadera la espera y esperas, qué demonios, con la intención de avanzar mientras tanto. He visto también algo propio en todo esto. Algo cercano. 12 días dando pedales hasta el lago di Como para hundir en él las cenizas de su padre y la bicicleta que le ha llevado hasta allí. Y hundirlas hasta el fondo, en las aguas de uno de los lagos más profundos de Europa, con forma de cuadro de bicicleta. Porque a veces las metáforas se parecen demasiado a sí mismas y unx no sabe hasta dónde Penélope, hasta dónde Ulises, hasta dónde Homero y hasta dónde el deseo de confabularse en los tres. 

Por eso, llegado el caso, lo mejor es cantarlo, si se puede, contarlo, si es posible, y hacer que las cosas crezcan, incluso las que no están; hacer que todo amanezca, de algún modo, ser Ulises y Penélope. Ser Homero, al mismo tiempo, releerse, y sudar la camiseta en los puertos de montaña.



domingo, 28 de abril de 2013

Poema subsidiario de una rabia conformista que sonríe

Berenice Abbott
POEMA SUBSIDIARIO DE UNA RABIA CONFORMISTA QUE SONRÍE

Este es el lado de la raya, el que más te conviene
Los hombres que saben dónde están son los hombres que saben rodearse.
Los hombres que te rodean con sus manos y palmean tus espaldas con sus manos
y todo son manos y espaldas.
Los hombres. Esos hombres. Sus risas. Ey, ey, ey. Sus bocas colmadas de onomatopeyas. ¡Buah!
Todos sus dientes, disparos. 
Cada uno de sus ojos diminutos es una pequeña amenaza de cielo gris azucarado.
No hay piedad si te quedas fuera.
No hay piedad. ¡Ay!
No la hay.
Es un triunfador. Es un triunfador.
Original food, original look, original desing, original way.
Más te vale estar del lado de la raya que más te conviene.
Más te vale quedarte sentada y callada diciendo que sí.
Eso es así. Eso está bien.
Los hombres que saben dónde deben estar para exponenciarse, 
para rodearse, para ser otros hombres que,
también, supieron agenciarse compañías mejores, 
han venido para quedarse y quedarse 
siempre acaba por ser un verbo transitivo. 
Quedarse es un verbo transitivo, así que se quedarán con tus cosas y tus casas
y harán balas de fogeo original con tus dientes diminutos para eliminar a quienes no estuvieron,
a quienes no supieron estar, a quienes no quisieron
pasar y quedarse sentados al lado de la raya que más les convenía. 
Los hombres que amotinan al resto y han venido a divertirse.


Los hombres de ojos amarillos como fuentes te dirán cómo y te dirán cuándo
-no sólo dónde y por qué-, 
y serán buenos gestores de tu miseria, y te regalarán flores -a quién lo le gustan las flores- 
y tú darás las gracias muchas veces,
aunque te parecerá -siempre es así- que "muchas veces " nunca son suficientes.
Porque hay que ser agradecido. Oh, sí. Dios. Vaya que sí.
Y besar el suelo que pisa el pie que te pisa el pie.
Sacarás del poliuretano el perfume de las flores, 
dirás madreselva, dirás romero y jazmín 
cosas como esas dirás
el día en que sus viejos salones de baile se llenen con los dientes apretados de quienes callan y asienten,
el día en que el azufre será todo cuanto pueda respirarse en este lado de la raya. 
Ya sabes, el que más te conviene.


martes, 26 de marzo de 2013

BEAUVOIR TODO EL RATO

Me llega a través de @mejillonsuicida esta noticia: La Diputación de Jaén revoca el fallo del Jurado del Premio Escritores Noveles por "faltar al derecho de igualdad de la obra". Noticia que podéis leer aquí.
Me llega, como digo, esta información, y a mí sólo se me ocurre decir, que lxs agente de igualdad son, definitivamente, absolutamente imbéciles. Pero IMBÉCILES con mayúsculas. De hecho, si hubiese un concurso de imbéciles y se presentasen todxs los agentes de igualdad -sólo el nombre, se las trae- a dicho concurso, la cosa estaría difícil para emitir un fallo justo, dada la calidad y el alto listón de imbecilidad que pondrían siempre estxs agentes de igualdad. 

Queridxs imbéciles: 

Quería comentaros un par de asuntillos. O quizá tres. Como sé que no tenéis ni puta idea de qué se cuece en el mundillo literario, os diré que a pesar de que las mujeres -por seguir con vuestro binomio de género, del que no sabéis salir- leen muchos más libros que los hombres, más del 80% de la literatura que se publica y se vende, la firman hombres, y que más del 90% de los miembros de los jurados de premios literarios, como este de Jaén, están conformados por hombres. Pero nada, oye, vosotrxs a lo vuestro. "es que han dicho puta". Pues nada, oye, si han dicho puta, no hay más que hablar. Porque a vosotrxs, imbéciles profundxs, expertxs en no sé sabe qué entelequia absurda y loca, os la suda que el grueso de los miembros del jurado sean hombres, o que las bases del concurso no estén redactadas en un lenguaje inclusivo, o que la inmensísima mayoría de lxs ganadorxs de este y otros concursos literarios sean hombres, o que se siga hablando de "literatura femenina" como un mero entretenimiento que tienen las "mujercitas y que, desde luego, nunca juega en primera división, que es donde juegan lOs escritores. Os la suda porque no tenéis ni puta idea de nada, y andáis todo el día con vuestro lenguaje institucional y políticamente mierder, sin saber dónde demonios están los venenos del puto heteropatriarcado. HETERO patriarcado, que siempre se os olvida, por cierto -vosotrxs sabréis por qué-, que la tiranía del patriarcado es, también y sobretodo, la tiranía de la heterosexualidad y del binomio de género.

Pero es que además de esto, tontxs del higo y del nabo como sois -por utilizar con vuestras horto-frutícolas gónadas un lenguaje inclusivo- no sólo no sabéis de "desigualdad" sino que tampoco sabéis de literatura, si no es filtrándola por vuestro doctrinario pacato y maniqueo que hace del Segundo Sexo un libro radical. Dais mucha pena, agentes de igualdad, al menos en este país nuestro. Pero mucha. Porque si empezamos a censurar obras que, a lo largo de la Historia de la Literatura, han sido machistas, racistas, patriarcales, heterocentristas, xenófobas, homófobas, pro-capitalistas y pro-chungas, nos quedaríamos tan sólo con vuestros panfletillos igualimierder y vuestros trípticos de asociación de viudas. 

C. Bukowski comiendo un pezón desigualitariamente
Y no me vengáis con que el premio es institucional y que, en nombre de la institución, no se puede dar un premio a una obra que "promueve" el machismo (qué será promover), cuando desde esas mismas instituciones se promueven la pasividad y el amansamiento femenino -entre muchas otras cosas- con programas municipales que clasifican por género y que siguen ofreciendo batuka para ellas y full contact para ellos. Dais ascoputo, agentes de igualdad del mundo. Segurx que hay algunx que se salva, claro, siempre hay alguien dispuestx a excepcionarte el discurso, y celebro, de verdad su existencia, pero lamento que su buen hacer no sea contagioso. Os recomiendo encarecidamente leer a quienes para vosotrxs, a buen seguro, serían machistas recalcitrantes y misóginos como Bukowski, Kerouac, Houellebecq, Celine, Fante o Quevedo. Como cualquier escritorx hijx del heteropatriarcadx, vaya. Igual aprendéis que el arte es ese espacio que se crea entre lo que creo que es verdad y lo que se convierte en ficción. La literatura ficcionaliza las vidas, por eso hace de quienes la leemos, muchas versiones de nosotrxs. Y asumir que unx es muchas versiones de unx mismo no sólo es saludable, sino también liberador. 

Además, deberíais saber, porque eso lo sabe todo el mundo, que el arte en general, y la literatura en particular, no hace otra cosa que reflejar el pulso de la sociedad en la que se gesta, y es precisamente en ésta -en la sociedad y no en la ficción- donde tenéis mucho trabajo por hacer, más allá de poner barras detrás de las oes, de seguir victimizando a las mujeres y de confundir "nuevas masculinidades" con machirulos que planchan.

Dejar de hacer el ridículo, agentes de igualdad, porque las instituciones -infinitamente más absurdas que vosotrxs- elevan vuestra estulticia a niveles exponenciales, anulando, como en el caso de la noticia, la opinión de un jurado experto en literatura, y haciendo primar la opinión de expertxs en "barra-a" y en "ha dicho puta". Porque para eso, que elijan lxs inqusidorxs de igualdad, directamente, la novela que mejor les parezca, y premiemos, en vez de la calidad literaria, el gusto de la institución por dar una imagen de igualdad. 

Y si en la entrega de premios salen sólo rabos en la foto, miramos para otro lado, y seguimos a lo nuestro, que no se puede ser Simon de Beauvoir todo el rato.

lunes, 18 de marzo de 2013

Los amantes pasajeros: una comedia

El miércoles, día del espectador por estos lares, Z y yo decidimos ir a ver Los amantes pasajeros y no sólo lo decidimos, sino que lo hicimos. Y lo hicimos a pesar del trailer, y a pesar de saber que, igual, tampoco habría mucho más que el trailer.

Pero, como ocurre muchas veces, con infinidad de cosas, igual lo mejor de la película es lo que no se dice, lo que no está, lo que no se nombra; todo aquello que se torna "pura coincidencia" cuando se parece, sospechosamente, a la realidad.

Es verdad, la última película de Almodóvar no tiene argumento, pero es que ninguna sit com lo tiene. Las obras de Jardien Poncela tampoco lo tenían, y Tres sombreros de Copa, de Mihura, tampoco es que puedan presumir de plots complejos, para qué engañarnos. Los amantes pasajeros es una comedia clásica, en el sentido clásico del género. Mejor dicho, engloba, en cierto sentido, los subgéneros más propios de nuestra comedia, como el vodevil -del que derivará el cabaret, el burlesque, etc-, el sainete -comedia ligera de un sólo acto, que vendría a ser el entremés del teatro posterior al siglo XVIII-, la comedia de figurón -protagonizada por un galán o figurón que se ve envuelto en enredos y engaños amorosos- o la astracanada, subgénero patrio por excelencia en el que la teatralidad es extrema y la parodia de la realidad llega a alcanzar cotas tales que chocan con la verosimilitud de la trama porque, a fin de cuentas, no es la verosimilitud en sentido estricto, lo que pesa en este tipo de obras, sino la crítica a través de la parodia (Un buen ejemplo de astracán lo tenemos en La venganza de Don Mendo, crítica ácida al teatro de los siglos de Oro y, en general, en cualquier obra de Muñoz Seca.

Todos estos géneros son, en realidad, subgéneros surgidos al amparo de la comedia. Subgéneros que, dicho sea de paso, han sido castigados sobremanera por la crítica en los años posteriores a la dictadura franquista, por tratarse de géneros, algunos de ellos, más cercanos al ideario nacional-católico, al tratarse de un teatro conservador desde un punto de vista temático e ideológico y, en general, bastante amable con el régimen y sus mecanismos de poder. Algo que resulta del todo injusto, pues, muchas de estas obras fueron, en realidad, instrumentalizadas por el régimen y, por tanto, reinterpretadas por éste a su conveniencia; obras a las que, en definitiva, nunca se ha terminado de hacer justicia.

De todos modos, este es un país que no está acostumbrado a ver en la comedia una crítica lo suficientemente poderosa o un discurso lo suficientemente sólido como para ser equiparado a la tragedia o al   drama, que es, en realidad, el género que mejor nos define. Nos hemos creído demasiado aquel precepto aristotélico, el de que la comedia es el género ínfimo, por basarse -decía él- en la "imitación de hombres de calidad moral inferior", y seguimos creyendo que no se puede hacer una crítica sólida y de peso a través de este género, en cualquiera de sus vertientes y, estamos -creo- muy equivocados. Porque a veces la crítica es que no haya crítica alguna, a veces la crítica simplemente es mostrar lo que sucede, a veces, simplemente, la crítica es una exaltación de todos esos dedos en el ojo del poder que tanto molestan, y celebrar la crítica apoderándose de ella es, también un modo de hacer crítica, y un modo de hacer comedia.

Desde luego que el la película está el Almodovar de siempre, el de estilo deliciosamente cuidado, el que sutilmente homenajea a Chavela bautizando el avión con su nombre, el que traza una metáfora entre el nombre de una compañía aérea real (Iberia) con una ficticia (Península) y cuya suma (Península Ibérica) se convierte a su vez, en la metáfora de la situación actual del país, sumido, como el avión de Los amantes, en un vuelo transoceánico descabezado y sin hoja de ruta, plagado de aeropuertos y no pudiendo, sin embargo, tomar tierra. Desde luego que en la película está el Almodovar que elige meticulosamente las cabeceras, la música, el vesturario davidelfiniano y se aseugra de que cada pieza encaje en su lugar, como los anfitriones (Banderas y Cruz) que son una alegoría de sí mismos haciendo de otros y son, Santo Tomás mediante, causa incausada de Los amantes pasajeros.

Pero más allá de todo eso, hay cosas por las que Almodóvar sigue siendo Almodóvar, porque sólo a él parece bastarle con colocar estratégicamente, La Vanguardia entre las manos de un pasajero para que el espectador avezado caracterice al personaje. Porque, como espectadores, nos basta un Bolaño entre las manos de lo que podría parecer un sicario, para saber que ese hombre ama la literatura y el amor-casa del exilio sobre todas las cosas y no podría entregarse al asesinato de un modo prosaico o poco sentimental. Por eso me gusta Almodóvar. Porque pone un libro de Bolaño en las manos de un idiota y, de pronto, todo tiene sentido.

Y por eso también, Los amantes pasajeros es comedia y no. Me explico. La comedia como tal, tiene su origen en la improvisación, y aquí no hay nada dejado en manos del azar. Aún así, creo que os interesará saber que esas improvisaciones se daban en contextos de cultos y celebraciones ofrecidas al dios Dionisios -deidad de la fiesta, el sexo, la orgía, la bacanal y la polla dura- y que las comedias eran ejecutadas por los llamados "coros fálicos", que eran quienes, en época de vendimia, paseaban y procesionaban el falo, como símbolo de la fuerza de la naturaleza y sus dádivas. No hará falta decir que, en ese sentido, el trío de locas que conforman Aceres, Cámara y Arévalo son, casi en un sentido literal, el coro fálico de la comedia primigenia. Y es que esta obra es, también, un culto al falo. Un canto, un tributo, una oda al falo. Un falo, eso sí, subvertido no sólo por los ojos de un marica con mucha pluma, sino de un montón de maricas con mucha pluma y mucha ostentación de pluma, que convierten esa microsociedad que se genera en el interior del avión, en una sociedad falócrata, sí, pero también marica. Muy marica. Y por eso es fantástico ver cómo un director obliga a lxs espectadorxs heterosexuales de bien que vayan a ver su cinta, a vivir, durante 90 minutos, no en un mundo marica -eso lo hace cualquiera-, sino en un mundo de maricas locas donde la pluma se celebra, la mamada es una fiesta y todos los clichés de la marica plumífera se cumplen porque habemus maricas con pluma, mucha, y quienes cumplen todos los clichés tienen, también, el derecho a defenderse y reivindicarse. Por eso esta obra es, también, en cierto modo, una oda a la pluma. Y a mí cualquier oda a la pluma, en principio, me parece bien. Desde luego, siempre hay gente que va a ver una peli de un marica sobre maricas y se escandaliza porque dos bio-mujeres muestren su afecto (nada exagerado) en el asiento de al lado, pero eso es otra historia. Al fin y al cabo, no hay suficientes libros de Bolaño para rellenar las manos de todos lxs imbéciles de este mundo.

Por otro lado, es cierto que la mayoría de los personajes son hombres, pero en pocas películas puedes ver cómo una mujer se empodera a través del sexo violando a un hombre y en muy pocas puedes ver cómo los géneros y sus marcas gramaticales del lenguaje se diluyen hasta casi desaparecer.

Dice la teoría de los géneros que, en la comedia, la risa del espectador a veces es de complicidad y otras, de superioridad. Digo esto porque creo que, al tratarse de una comedia protagonizada por maricas en el sentido más tópico de la palabra (sin olvidarnos de que hay maricas que cumplen con esos tópicos, como ya he dicho antes), ciertos espectadores podrían caer en la tentación de reír, como dice la teoría de los géneros, desde la superioridad del que se sabe heterosexual (o carente de pluma), algo que la pragmática desmonta en el momento en el que nos damos cuenta de que el autor es también una de esas maricas con pluma. Por eso, en Los amantes pasajeros, sólo cabe la risa cómplice, porque la de superioridad queda anulada por la naturaleza de la propia autoría. Por eso -y por otras muchas cosas, claro- no tiene sentido equiparar esta película a aquellas de los años '70 de Ozores y compañía, en las que empezaban a proliferar los chistes de mariquitas. Porque las cosas no son nunca lo que las cosas son en sí, sino también cómo se cuentan, quien las cuenta, desde cuándo, desde dónde, por qué, y a quién.

Eché en falta, claro, algo de pluma bollo, algo de travestismo Woman to Man. Pero eso quizá sea mucho pedir para alguien que, como dice Z, sólo sabe contar historias de hombres (en realidad, todos sus personajes femeninos no dejan de ser hombres travestidos, Ítacas de maricas que cantan I´m so excited en sus horas altas). Es por esto que dejo este I´m so excited Le Tigre, queer e intergeneracional, para hacer ya, de la oda a la pluma, algo pluscuamperfecto. Escuchad la versión, merece la pena.