miércoles, 15 de agosto de 2012

LUCHA DE GIGANTES

Hay canciones que son poemas, y hay poemas que son canciones y poemas, 
y canciones, de nuevo, a la vez. 
Por eso es necesario quererlas como si no lo merecieran, 
y volver a ellas como los solitarios hombres buenos 
-y aún otros cuerpos también- volverían a los prostíbulos. 
Hacerlo con la honestidad del que sabe que ha mancillado algo, 
del que sabe que algo le dice dentro que lo que hace no está bien. 
Y es el clero, y es la ley o la voz de papá y mamá 
en el eco sedicioso que adoptan ciertos recuerdos a la hora de la siesta. 
Pero sea como fuere uno avanza hacia esos cuerpos desnudos, 
descomunalmente íntimos por lo ajeno que hay en ellos, 
para sacudirse la pena de tener que fingir ser uno mismo todo el tiempo. 
Así son ciertas canciones. 
Te quieren como ninguna, porque se irían con cualquiera. 
Se van de hecho, con cualquiera, construyendo, aunque sea extraño, entre esos cualquieras y tú, 
una especie de hermanamiento secreto, 
como esa clase de complicidad algo sonrojada y lúbrica 
que fluye entre los cuerpos vencidos pero sanados de quienes se entregan a los cuerpos que los nombran. 

Y todo lo que pasa está bien en esa clase de canciones tristes. 

Y también están bien todxs cuantxs pasan por ellas. 
Y creédme cuando digo que son muchxs lxs que pasan por los pliegues de sus letras, 
por esos ritmos facilones y clásicos, 
porque a veces eso es todo cuanto hace falta. 
Porque a veces, como una mamada bien hecha, 
casi nada es justo lo justo y necesario. 
Por eso hay canciones que son esas bocas. 
Lo saben los poetas y también algunos hombres tristes, algunas mujeres tristes. 
Por eso, algunos días, 
quienes celebramos su grandeza garganta adentro, daríamos lo que fuera, 
como si eso fuera bastante, por hacer de nuestras pollas una boca a su manera. 
A la manera de ciertas canciones, 
de ciertos poemas obscenos que tienen el siniestro poder de recordarnos, insolentes pero certeros, 
la huella que a cada paso dejamos aquellxs quienes nunca fuimos, 
aquellxs quienes, y eso ya es claro, nunca vamos a ser.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Suéltalo...