martes, 15 de noviembre de 2011

EL OTRO AGUJERO DE PAUL ELUARD

Man Ray y Paul Eluard
Hay cosas que no pueden entenderse todo el tiempo.
Entenderse entre ellas, digo.
Entenderse como se entiende un poema, un cúmulo o un vínculo
entenderse y gestarse como un vínculo o un poema no escrito de Paul Eluard.
Un poema del tipo "todas mis amiguitas son jibosas; ellas aman a su madre".
Un poema del estilo a "todos mis animales son obligatorios".
Joder, un poema de verdad.
Un poema como dios manda, de esos que hacen obedecer a dios.
Pero qué va. En realidad, no hay nada de eso.
En realidad nada, casi nada o muy poco
y Eluard está lejos de ser tocado por los vivos
y los dedos que entienden las pomadas, los que las extienden
vía rectal, casi siempre, esto es un hecho,
son los mismos que pasan de la 70 a la 71
y hacen de Eluard un tipo respetable.
Dedos rectales, pringosos, untuosos,
qué sería de Eluard, entusiasta marica filibustero, sin vosotros,
hacedores de húmedos que son dios y son el mundo.
Pasadme la página que escribiré en estas letras,
haced de mí un culo digno de ser ungido por vosotros
anti-himénicos de lo otro, humedecedme,
hacedme dignx de ser entradx por vosotros,
haced de mí una oquedad digna de ser releída,
perpetuadme, dedos del mundo,
para que pueda decir que soy, por lo menos,
el otro agujero de Paul Eluard.

(Sr.Chinaski)





domingo, 16 de octubre de 2011

Las bodas de Mariano



                Independientemente de lo que, personalmente, me pueda parecer el "matrimonio" como institución política, económica y social, y el uso que de él se viene haciendo por parte del heteropatriarcado, no puedo dejar de escribir esta misiva "a quien corresponda", como decía Joan Manuel Serrat. Y ahora, precisamente, que las manzanas ya no huelen (será que las han segregado, junto con las peras), el destinatario de la correspondencia tiene nombre y apellidos. Ah, y también un twitter que sus community managers le han abierto hace poco, con no demasiado acierto, todo sea dicho.

                   Señor @marianorajoy:
                El motivo de la presente no es otro que el de hacerle llegar a usted de un modo fácil, sencillo y, sobre todo, clarificador y eficaz, los más que sobrados motivos por los que el término “matrimonio” debe ser mantenido para designar las uniones civiles matrimoniales –valga la redundancia- de personas del mismo sexo, ya que, de no ser así, se estaría incurriendo, además de en una clara discriminación de las personas homosexuales, en una incongruencia falaz, pues no olvidemos que la tan necesaria ley del matrimonio homosexual, tiene su origen, precisamente, en la definitiva eliminación –legal, al menos- de la discriminación que las personas homosexuales, bisexuales, transexuales, intersexuales y transgénero venimos sufriendo desde mucho, mucho tiempo atrás.
                No se trata, señor Rajoy, de debatir acerca de esta ley que permite a dos personas adultas perfectamente sanas y libres manifestar pública y legalmente, no ya su amor, sino la institución familiar –y por tanto político-social- que, como cualquier otro matrimonio, representan. No, verá, esto, por más que les pese a algunos y a algunas, ya no es negociable. Pero lo que tampoco es negociable, Señor Rajoy, es que una persona como usted, aspirante a la Presidencia del Gobierno de un país, el nuestro, que se supone democrático y plural, pretenda seguir estigmatizando a una parte de esa ciudadanía, pretenda seguir haciendo de nosotros y nosotras ciudadanos y ciudadanas de segunda, utilizando esta vez, para ello (las excusas son interminables), una letra escarlata que se traduce en diferenciación terminológica.
                No, señor Rajoy. No aceptamos barco como animal acuático, ni aceptamos tampoco que nuestras uniones civiles sean nombradas de un modo diferente a como son nombradas las uniones civiles de las parejas mixtas. Primero, porque son idénticas y segundo porque es ahí precisamente, donde está el veneno de la discriminación, señor Rajoy, en la semilla que enfatiza la diferencia inexistente.
                Lo digo porque me preocupan, sinceramente, las declaraciones que a este respecto a hecho usted recientemente en diversos medios de comunicación, manifestando que, puesto que en este tema hay posturas encontradas, hay que representar a toda la ciudadanía. Mire usted, Señor Rajoy, la tortura, la discriminación, la violencia de género, el racismo y tantas otras abominaciones tienen también dos posturas encontradas muy claras: la de quienes lo sufren –víctimas- y la de quienes lo infringen –agresores-; pero como usted comprenderá, no por ello la cabeza visible de un partido que se tenga por demócrata, va a defender tal cosa por aquello de que “hay posturas diferenciadas”. Sin embargo usted, señor Rajoy, lo viene haciendo constantemente desde que su partido recurrió la ley que reconoce lo que somos: iguales a todas las demás personas. ¿De verdad molestamos tanto? ¿En serio todavía, en pleno siglo XXI, cuestiones como las ¿diferencias? de raza, sexo, clase social o tendencia sexual siguen siendo un problema entre los militantes y los simpatizantes de su partido? Dígalo claro, señor Rajoy porque, de ser así, la sociedad tiene derecho a saber qué clase de personas aspiran a gobernarla y, sobretodo, con qué clase de códigos éticos y valores pretenden hacerlo.
                Las palabras, Señor Rajoy, pesan. Y mi mujer lo es, en parte, en tanto que es nombrada por mí como tal, designada por mí como tal, públicamente. Su matrimonio, Señor Rajoy, adquiere la dimensión de matrimonio en el momento en el que ritual, legal y públicamente, su cónyuge y usted son así nombrados, así designados socialmente, legalmente. Y no, no me venga con reflexiones peregrinas sobre etimología porque, créame, después de terminar mis estudios de Filología, creo que estoy en posición de decirle que el origen etimológico del término ‘matrimonio’ es más que confuso y que, en cualquier caso, si las leyes se hicieran atendiendo al étimo, tenga usted por seguro que a día de hoy estaría recibiendo visitas oficiales en el “retrete” de usted, y no en el salón oficial destinado a tal fin.
                Así que no, Señor Rajoy, no hay otro motivo para seguir adelante con ese recurso ni con la controversia del término, más que el deseo de usted y de su partido de seguir discriminando ciudadanos y ciudadanas por su tendencia sexual y, créame, a estas alturas del cuento, como usted comprenderá, ya no estamos por la labor ni de mendigar igualdad –sabemos que lo somos- ni de dejarnos engañar por el estúpido complejo de inferioridad enfermizo que tantos años hemos venido arrastrando a causa, entre otras cosas, de ese pensamiento discriminatorio y, por tanto homofóbico del que, según parece, ustedes siguen haciendo ostentación. No.
                Por tanto, si esta carta le sirve a usted y su partido para reflexionar sobre ello, celebraré que todavía la voz de la ciudadanía, que ve peligrar sus derechos, sea tenida en cuenta y que en ustedes quede, todavía, algún resto de sentido de la igualdad y la justicia. Si no –cosa que mi noción de realidad ve más probable- seguiré lamentando ver cómo se pretende discriminar y hacer demagogia a través de las palabras, los usos que hacemos de éstas y, sobre todo, las realidades que éstas designan. Porque las palabras, Señor Rajoy, conforman la realidad y por tanto lo son, en cierta medida; y porque, como dijo el gran escritor Eugéne Ionesco: “sólo valen las palabras, el resto es charlatanería”.


domingo, 25 de septiembre de 2011

LA PIEL QUE HABITO: RADIOGRAFÍA DEL AGUJERO

Cuando unx va al cine, cuando abre un libro, cuando asiste a un concierto, va al teatro o visita un museo, lo hace para que esa película, relato, música, obra o propuesta le cuenten cosas. Las que sean, pero cosas. Que le cuenten, que le griten, que le susurren cosas no oídas hasta entonces, no enfrentadas, sublimadas, digeridas hasta entonces. Lxs que somos aficionadxs a mirarnos en lxs otrxs a través del arte esperamos, en realidad, ser de un modo narcisista y nada pudoroso, lxs protagonistas de las historias que nos cuentan, aunque sólo sea sintiéndonos remotamente parte de ellas. Y eso Almodovar lo sabe.

A veces me pregunto por qué Almodovar es capaz de hacer un cine desconcertantemente bueno y, a la vez, comercial. Y enseguida me respondo. Un tipo que es capaz de hacer que un disfraz de tigre, con rabo y todo, cruce una nacional a la altura de Toledo y viole a una persona parezca verosímil en un thriller es un genio. En ese sentido, este tipo de retos almodovarianos me recuerdan a los retos silábicos de Nacho Vegas (lo del disfraz de tigre es surrealista, pero no me digáis que no es difícil conseguir que una palabra de siete sílabas como im-per-tur-ba-bi-li-dad quepa en la letra de una canción pop). Pues eso. Ése es el riesgo que corren lxs artistas que se enfrentan a sí mismxs, que han tocado ya todos los techos ficcionales de este mundo y necesitan, porque crear, al fin y al cabo, es eso, seguir luchando cuerpo a cuerpo con la muerte de la costumbre. Por eso no puedo entender a los que esgrimen como crítica de La piel que habito que Almodóvar sigue siendo Almodóvar. Porque eso es, precisamente, lo que diferencia a unx artista de unx hacedorx de arte. L primerx siempre es él/ella, l segundx, puede hacerlo muy bien pero, no nos engañemos, muy bien puede hacerlo casi cualquiera.

Desde el punto de vista del género, La piel que habito es una película tragicómica, un drama que se deja reír, una comedia que se deja llorar. No sé vosotrxs, pero yo ya estoy acostumbradx a que en la sala apenas se escuche mi risa en las cintas del manchego. Lo sórdido hace reír, a veces, más que lo meramente cómico, y en la descontextualización, que él domina como nadie, hay siempre un humor latente con sabor peripatético del que ni Carmen Maura ha podido deshacerse desde Qué he hecho yo... 
Pero, además, y fundamentalmente, La piel que habito es una obra romántica, en todos los sentidos. En ella está la locura enfermiza del doctor Frankenstein, bebiendo, también, de las Metamorfosis de Ovidio y su Pigmalión; está la bipolaridad y adicción demente y suicida del doctor Jeckyll y Mr. Hyde; está el amor pluscumaperfecto de Drácula, más allá de la muerte de la amada, donde todas las amadas son la amada y su noche son todas las noches de este mundo; están los jardines laberínticos del sabueso de los Baskerville; y también, planeando como una siniestra sombra, la sombra del doctor Fausto. Pero es que, además del romanticismo propiamente dicho, en la película se recogen también clichés posrománticos más del tipo de las novelas de Corín Tellado, para entendernos, que acercan la obra al subgénero del pastiche, rozando muchas veces la telenovela (hermanos que no saben que lo son, criadas y madres en silencio, vidas perseguidas por la desgracia...) y acercando la obra -así lo veo yo- al público en masa pero también construyendo un prisma en torno al género tan contemporáneo como lo fue en su día -y aún hoy- el subgénero caballeresco en El Quijote. Hay, también, alusiones a otros subgéneros, como el porno, el BDSM con parafilias propias y recurrentes de este tipo de films, y un vestuario que me recordó a uno de los cortos de la peli porno independiente Dirty diaries (que recomiendo, por cierto).  

Otra de las cosas que, creo, hace grande la peli, es la profundidad de los personajes que son, en realidad, personajes tipo -tan recuperados por las historias contemporáneas- para plantear cuestiones que rebasan lo maniqueo. Así, Marilia, la madre del doctor, es la mujer abnegada, sacrificada, que no entiende la dicotomía bueno/malo si no es en pos del hijo que no sabe que lo es. Representa, por tanto, la maternidad tradicionalmente entendida. Una madre haría lo que fuera por su hijo, sea éste como sea...
Por su parte, todos los personajes femeninos -la mujer, la hija- son en realidad (como las hijas del Cid o Doña Jimena) personajes necesarios para desencadenar la trama y perfilar mejor el personaje del doctor Roberto. Son "excusas", pretextos para que Roberto sea quien es.

 Y Roberto es un personaje que, en realidad, representa al patriarcado. Es hombre, heterosexual, blanco, de clase alta, tiene poder en la esfera pública y en la esfera privada, tiene una profesión liberal que le confiere aún más poder sobre los otrxs, sobre la imagen de lxs otrxs, es padre, y amantísimo esposo. Sin embargo, la devoción que siente por su mujer no deja de ser una devoción retorcida, una devoción que tiene más que ver con su amor propio, con su capacidad de poder y de control, que sobre el amor que siente. Porque el personaje de Roberto es, en realidad, un personaje incapaz de amar. El amor hacia su hija también está filtrado por la pérdida de control, del mismo modo que el estado patriarcal ha de controlar todo cuanto le rodea y compete, especialmente, a la mujer. A Roberto no le duele la violación que sufre su hija (de hecho ni siquiera se preocupa en saber si fue o no violación, y tampoco participa en la recuperación de ella), sino la pérdida -otra vez- de control. Por su parte, el personaje de Vicente/Vera es el proceso a través del que el Estado heteropatriarcal acaba por someter a sus individuos, no sólo haciéndoles desempeñar un determinado rol social sino exigiéndoles, además, que se muestren cómodxs y satisfechxs en él. Por eso, si algo tengo que recriminarle a Almodóvar de la película -que me parece buenísima desde mil puntos de vista- es el tratamiento que hace, no de la transexualidad, sino del modo en que el personaje que la sufre se enfrenta a ella. 
El personaje de Vera, antes de ser Vera era, igual que el doctor Roberto, un hombre heterosexual que somete a las mujeres al acoso que socialmente está permitido, con tal de satisfacer sus necesidades de "macho", como dicta el patriarcado. Pero cuando se ve despojado, por la fuerza, de sus genitales masculinos, asume el rol femenino, como si el sexo y el género fuesen una misma cosa. Y ni mucho menos lo son. Por eso, yo sí he echado en falta una Vera masculina, con actitudes masculinas, con ademanes de macho, del macho que hay en él, en vez de andando con tacones por arte de magia y poniéndose un vestido en vez de unos vaqueros para fugarse. Eso he echado en falta. Una reflexión más sólida, más audaz, más acorde, en definitiva, con la audacia de la película, en relación al género. No a la transexualidad meramente fisiológica, sino al enfrentamiento social de la misma por parte de quien la sufre. Y no basta con rechazar maquillaje para marcar que se es un hombre. Un hombre no tiene pudor, un hombre no se tapa los genitales recién operados porque entra por la puerta su agresor (el propio Almodóvar nos hubiese mostrado hace unos años, ese plano que tan femeninamente pudoroso que hoy ha eliminado); un hombre se mueve como un hombre, se sienta como un hombre y se tumba como un hombre, no como una Venus, ni nada parecido. 

Por ota parte, es también llamativo el hecho de que ninguna relación sexual de las que aparecen -ni en escena ni narradas- escapa a las garras del poder hegemónico del heteropatriarcado al que antes hacía referencia. Es decir, en todas las relaciones sexuales el hombre se comporta como un agresor, como un cazador, como un colonizador, como un violador, en definitiva, y es la mujer la que asume su condición de víctima (Vicente/Vera, incluídx), entendiendo que es el rol que le toca desempeñar. Por eso tampoco me parece casual el hecho de que Norma -la hija del doctor- vea en su padre a un agresor, porque, en realidad, lo es; porque, en realidad, la figura del hombre heterosexual convencional pasa por todos los personajes masculinos de la película, a través del sometimiento de lo femenino. Todo en La piel que habito son pollas forzando agujeros, en un mundo en el que las pollas ganan y los agujeros pierden. Por eso no es, creo yo, una tragedia, como dice Boyero, porque para mí tiene el final feliz propio de las comedias, tras haber vivido el personaje, eso sí, una trágica diaspora de sí mismx, desde luego. Y, aunque sólo sea por eso (cuestiones formales a parte -fotografía, vestuario, etc-, estupendas también), aunque sólo sea por ver cómo por una vez se hace justicia poética, merece la pena habitar, por dos horas, la piel que nos presta Almodóvar que, al fin y al cabo, es la que habitamos siempre que somos quienes no queremos ser, pareciéndonos tanto, sin embargo, a nosotrxs mismxs.

De todas formas, Almodóvar tiene corazón, y quiere más a sus personajes que lo que se quieren ellos mismos, por eso no hay uno sólo de ellos que no tenga mil motivos para ser el otro, para ser víctima y verdugo y por eso, aunque no se les pueda perdonar, ni siquiera redimir, al menos, que no es poco, se les puede comprender.

jueves, 15 de septiembre de 2011

CUÍDATE DEL FUTURO: VIENE A POR NOSOTRXS

Estudio, leo las noticias oficiales, me desinformo, busco las noticias de la gente, las de de verdad de la buena, para informarme, me informo. "Cuídate, España, de tu propia España". Estudio. Vuelvo a estudiar. Lxs profesorxs interinxs hacemos estas cosas. Cosas como estudiar, conducir miles de kilómetros al año, dormir en pensiones, comer bocadillos en los asientos traseros de los coches camino a casa o camino al IES de ese curso, o de esos meses, o de esos días, o de ese día (se han dado casos). Eso, además de otras cosas, claro, cosas cojonudas, buenas, peores, fantásticas y mediocres en las que no voy a detenerme aquí. Otras cosas más, como estudiar y estar en el paro, y estar en el paro y dejar ya de cobrar paro, dejar de cobrar, en definitiva, y estudiar también se frecuentan bastante. 
Estudiar nos va bien, por aquello de volver a aprobar siempre, aunque sea sin plaza. Estudiar, por tanto, me va bien.
Me acerco a Vallejo. Me refiero a César, claro, y me llegan noticias a cerca de la #mareaverde (movimiento por la enseñanza pública de profes, padres, madres y alumnxs de la Comunidad de Madrid), de cómo sus críticas están sesgadas por la Consejería, confundidas, distorsionadas, para crear de ellxs una imagen que no se corresponda en absoluto con la realidad. "Cuídate de los que te aman. Cuídate de tus héroes". Me enfado. Me enfado muchísimo porque, lxs políticxs deberían atender a las necesidades de lo público que, para quien aún no solo sepa, es sinónimo de "lo que es de todxs". Me enfada que la más que legítima reivindicación de la #mareaverde, que podríamos resumir como la crítica a la gestión de la educación en la comunidad, quitando de aquí (la educación pública) para ponerlo aquí (la enseñanza privada y concertada), se minimice hasta el ridículo con el consabido "por dos horas más", cuando las "dos horas más" son el resultado de algo, su consecuencia y no su causa, como lxs gestorxs de lo público están haciendo querer ver.. Una consecunecia estúpida si la comparamos con las muchísimas consecuencias peores que conllevan esas medidas -digámoslo de una vez- privatizadoras y neoliberales. Así que me encabrono y estudio a Vallejo; "quiero escribir, pero me sale espuma; quiero decir muchísimo y me atollo". Me pregunto por qué lxs políticxs -en su mayoría- no escuchan, y me respondo enseguida. "Cuídate de los nuevos poderosos". Están sujetxs a la tendencia, a la corriente, a la línea editorial de su partido. Podría utilizar aquí la palabra ideología, pero me parecería una hipérbole que, fuera de un poema descoyuntado de Vallejo, no tendría sentido. Porque la ideología hoy es más bien ideagrama, como si la parte mala del espíritu de Apollinaire le hubiese cogido de los huevos al mundo y le hubiese obligado a sustituir las ideas por representaciones icónicas de las mismas. Vendo X y detrás, nada. Vendo Y y detrás, nada. "Cuídate del leal ciento por ciento".
Algunxs me dirán -y puede que tengan razón- que no todas las nadas son iguales, pero yo sigo diciendo que "no hay cifra hablada que no sea suma" y que cada vez, aunque le pese a Vallejo, "hay más pirámide escrita sin cogollo". No es mi comunidad, pero es mi guerra, porque el derecho a la eduación pública es intercomunitario, internacional, interplanetario.

Me envalentono y leo de aquí, leo de allá, retomo, me informo, vuelvo a Trilce y el falso mito de que la economía sólo se arregla desde las esferas privadas me retumba en la cabeza; más que nada, porque han venido siendo éstas las que, precisamente, nos han llevado hasta aquí. Me cuesta entender por qué cuesta tanto entender que la educación pública es más que un derecho, es la vía imprescindible para el futuro, la igualdad de oportunidades, la capacidad crítica, la mayoría de edad, en definitiva, entendida en términos kantianos, claro, no burocráticos. Me cuesta entender por qué cuesta entender lo que tan simple resulta, lo que dijo ya Vallejo, eso que no hace falta estudiar para saber: "que no hay dios ni hijo de dios sin desarrollo".

Al fin y al cabo, va a ser verdad eso de que dios-desarrollo ha muerto. 
Al fin y al cabo, ya lo decía Nietszche, va a ser verdad que lo hemos matado nosotrxs. 
Y lo que es aún peor, seguimos matándolo, suicidándonoslo con saña por cada minuto desaprendido esgrimido en contra de lo que es de todxs; teniendo que cuidarnos, ya lo dice Vallejo, teniendo que cuidarnos del futuro. 

viernes, 19 de agosto de 2011

MADRID JMJ 2011: OFICINA Y DENUNCIA

Un par de madrugadas, solamente. Un par de madrugadas. Sólo hace un par de madrugadas que asesinaron a Lorca. Y Lorca era un tipo estupendo, un poeta estupendo, pero también tenía derecho a ser un poeta mediocre y un tipo del montón. Ser un gran poeta no te exime del asesinato, pero ser vulgarcillo tampoco te hace más propenso. És así. La madrugada del 17 al 18 del '36. Pum, pum, pum. Cuatro tiros, tres, uno, pero certeros. Aún así hoy todavía, "de los cuatro muleros que van al campo, todxs seguimos prefiriendo al de la mula torda, moreno y alto". No es casualidad que al maricón lo mataran. Que al rojo lo mataran. Que al poeta lo mataran. El mayor enemigo de la libertad es la poesía, porque la literatura folla con quien quiere, se lo monta con quien quiere y lo dice, y lo canta y lo sublima y lo defiende. No es casualidad que 75 años después del fusilamiento, vuelva el asesino de Lorca a asomar su mano siniestra de navajero chungo, su "verde que te quiero verde" teñido de verde y de pez. Porque a Lorca no lo mató su asesino, a Lorca lo mató la violencia que engendra el poder, la nube de óxido, "la gota de sangre de pato que sigue estando ahí, bajo las multiplicaciones".


No es casualidad que 75 años después de que fuera asesinado el hombre que denunciara que "las rosas estaban maniatadas por los comerciantes de perfumes", venga a hacer ostentación de su poder, de su violento y obsceno poder, el comerciante del perfume embriagador de la fe en forma de santo, y en forma de padre y en forma de cualquier otra cosa medianamente loca pero rentable. No es casualidad que la gente se enfade, que los que "no hemos venido a ver el cielo" tengamos que decirlo -oficina y denuncia- tengamos que expresar -porque ahora dicen que sí podemos, Federico- nuestro malestar y nuestro descontento con quien osa prometerlo (el cielo, digo). Pero claro, si no vienes a ver el cielo te topas con "la turbia sangre, la sangre que lleva el espíritu a la lengua de la cobra". Porque tampoco es casualidad que miles de cristianxs mal llamados "de base" (como si fuesen la cantera del cristianismo o su filial) muestren ese mismo descontento de la mano de atexs, agnósticxs, etc., todxs ellxs unidxs en nombre del laicismo. No es casualidad y es una gran noticia que el paraguas del laicismo proteja de la lluvia de óxido a todxs, tan diferentes, tan distintxs. Es una gran noticia, pero el poder "mata millones para el disfrute de los agonizantes", y todo eso "deja los cielos hechos añicos".

El papa no viene a protegernos, sino a protegerse. No es un escudo, viene escudado, excusado, diez centímetros de grosor vídreo lo suscriben. No viene a parar las balas, sino a desviarlas. No me importa lo que quieran, lo que pretendan quienes pretenden someter a lxs demás, violentar a lxs demás. Pero no puedo decirle a Federico que '75 años después, un gobierno socialista y un Estado democrático permiten en suelo español proselitismo, sedición, evasión consentida de impuestos en forma de desgravación de empresas patrocinadoras de un evento religioso (las JMJ(C) porque sólo son las Juventudes Católicas, como bien dice Fernando J. Lopez) y un sin fín de pegas para permitir una manifestación de quienes quieren un caldo de cultivo social lo suficientemente laico como para que, precisamente, no pasen estas cosas. A ver quién se lo dice a Federico. A ver quién tiene los santos cojones de decirle al poeta que '75 años después de su vil asesinato, "los terribles alaridos de las vacas estrujadas siguen llenando de dolor el valle". Porque, quien lo haga, también habrá de decirle que las fuerzas de seguridad reprimieron brutalmente, a hostia limpia, a quienes "denuncian -legalmente- a toda la gente que ignora la otra mitad, mientras parte de esa mitad mitad irredimible que levanta con nuestro dinero sus montes de cemento donde laten los corazones, algunxs de lxs que se dicen cristianxs, aplaudían la violencia policial, la fuerza bruta e ilegítima, aunque legitimizada, cayendo de nuevo, Federico, otra vez, sobre las espaldas de la otra mitad. "No es el infierno, es la calle", Federico, ya lo sabes tú.

Y por eso al día siguiente, 18A día de tu muerte, noche de tu asesinato, la violencia se sigue acumulando en las esquinas de la calle, mientras lxs besos transmaricabollos, Federico, se ofrecen, como tú, a ser comidos.

No sé, Federico. No sé quién podrá decirte esta clase de cosas. Quién será capaz de confesarte que la educación se ha cambiado por exaltación de poder, y que la libertad es un lujo que, en estos tiempos democráticos, todavía muy pocxs parecen poderse permitir. Pero, por si acaso, yo, en mi nombre, en nombre de los que se olvidan de la otra mitad, y en el tuyo si quieres, Federico, lxs "escupo en la cara".






domingo, 31 de julio de 2011

HASTA EL CULO DE PLATÓN

Ayer vi una exposición. A veces me gusta hacer ciertas cosas. Ver exposiciones, acudir a salas de arte, museos, fingir que lo entiendo todo y, de alguna extraña manera, terminar por entenderlo o, al menos, creer hacerlo. La exposición era de la obra fotográfica de un tipo llamado Miroslav Tichý. Para quienes lo conozcan, no diré nada porque, a buen seguro, sabrán más que yo, pero para quienes no, diré que es un tipo extraño, con un síndrome de Diógenes acusado, que fue capaz de vehiculizar su "basura" construyendo sus propias cámaras fotográficas, sus propios objetivos y su propia vida. El viejo loco del abrigo viejo que no comía animales por el respeto que les debía a sus hermanas las ratas -y a todos los demás-, había sobrevivido al comunismo más feroz y a 8 años de cárcel, y lo había hecho secuestrando culos de mujeres en sus cámaras oscuras. Más de cien por día, decían. Fotos, no mujeres. O fotos y mujeres, da igual. Porque, aunque la mujer que estaba guiando la visita decía que la mujer para Tichý era más un icono de belleza teórico que un fetiche, lo cierto es que la obsesión de aquel tipo por los culos femeninos traspasaba todo ideal de belleza platónica. Ni que decir tiene que, mientras la guía estaba diciendo esto, yo estaba mirando su culo -el de la guía, quiero decir-, por cerciorarme, después de todo, de si ese culo, el suyo, se trataba de un culo digno de ser fotografiado y, por ende, de ser mostrado, de ser expuesto, de ser compartido y calificado, a posteriori, como "icono de belleza ideal", "representación idílica de la belleza" o cualquier otra soplapollez parecida. Finalmente concluí en que no. Y lo sentí por ella, porque quizás le hubiese gustado que su culo formara parte de algo grande, pero así están las cosas. El mío, de momento, tampoco se ha perpetuado.
 
Que la mujer ha sido, que ha venido siendo objetualizada a lo largo de la historia (del arte, de la literatura, de X, de Y, de Z...) lo sabemos todxs. Pero ahora parece que nos sobrecoge una especie de feminismo pseudo progre o femi(ci)nismo, (como dice Lady Aguafiestington) y tenemos que entrar en el juego de la simulación, de la sustitución, del eufemismo sangrante y feroz que supone no sólo no llamar a las cosas por su nombre, sino el cambio completo de signinifcado que muchas veces supone el hecho de que el nuevo nombre diste tanto del originario, que el significado del referente sea prácticamente otro. 

No pasa nada por decir que el bueno de Tichý proyectaba una mirada absolutamente voyeur en los cuerpos femeninos. Una mirada que diseccionaba los cuerpos desde la distancia, que los tocaba, los sobeteaba y los lamía desde lejos, desde el deseo del que se sabe a años luz de su objeto deseando. No pasa nada porque un artista plasme lo peor que hay en él en su obra, o lo segundo peor, o ni siquiera peor, simplemente algo mediocre, algo mundano, vulgar, cutre, hasta obsceno, y se eleve de pronto a la categoría de arte. No pasa nada por que el fotógrafo viole con el ojo a la mujer. Y, sobre todo, no sé qué degrada más a la mujer, si ser devenida en puta callejera de culo prieto o ser devenida en santa idealizada dadora de belleza. Porque, al fin y al cabo, en niguno de los casos la mujer es el actante, en ninguno de los casos la mujer decide nada, deviene nada. 

El arte es arte, y pretender imprimir en él consignas políticamente correctas me parece, además de una gilipollez, de muy mal gusto. No soy unx expertx, pero me han gustado las fotos de este chiflado. Sus fotos y las pajas que, probablemente, se hacía con ellas -tanta imperfección impresa no puede venir sólo de "corridas" de tinta-. Su mirada clara salpicando culos femeninos, sus manos sucias sobre tetas anónimas impresas. Su violación, constante violación a lo no violado, a lo no hecho, a lo no escrito. Su modo de plasmar el delito en la ausencia del delito. Se puede ser artista y pajillerx, y todo a la vez, y muchas más cosas, y nada en absoluto. 

Y si yo fuese la chica que hace la visita guiada, o mejor, si yo fuese quien ha escrito el texto que tan bien reproduce esa chica que hace la visita guiada (probablemente un hombre, con mirada de hombre y polla de hombre) intentaría buscar el fuego de los dioses más allá de las cajas de cerillas. 
Es más, si yo fuese la chica que hace la visita guiada, ya habría cogido prestada una de esas cámaras hechas con cartón y plexiglás y andaría por el mundo robando con luz culitos de hombre para -de gustarme- (de)venirme en ellos salpicándolos de poder mojado y vengar con arte, en el arte, todo rastro ideal de belleza iconográfica, firmando cada obra con un "hastaelculodeplatón".

lunes, 25 de julio de 2011

EL GÉNERO DE LOS DELANTALES

Detrás de los delantales siempre hay gente. Esto ya lo sabía, claro. Pero no. No me refiero a que haya gente detrás de un modo físico, a que haya gente con cintura y todo eso, a la que anudarlo, sino gente diseñando delantales, concibiendo delantales, creando, en definitiva, telas destinadas, en principio, a protegernos de la grasa, de la suciedad, de la salpicadura, de la mancha, cuando cocinamos, limpiamos, reparamos, desatascamos, pintamos y, general, cuando hacemos cualquier actividad en la que la posibilidad de mancharse vaya implícita. 

Y en esto pensaba yo el otro día cuando, paseando por las calles turísticas de un pequeño y túrístico pueblo francés y fronterizo, me topé con estos, llamémosles "inofensivos" y bonitos delantales en una de esas tiendas que sacan en verano el género -valga la redundancia- a la calle, haciendo que el mundo tenga, en definitiva, mucha mejor pinta. Claro que, a veces el mundo es un gran pequeño hijo de puta y proxeneta, y se guarda las salidas de tiesto y los cortes de mangas para los bordados y las costuras. Y eso es lo que pasó esta vez. 

Los delantales idénticos, los colores idénticos; idénticas tallas, idénticas líneas de idénticos colores y tamaños; idéntica textura. Todo idéntico, en definitiva, menos la identidad. El pequeño gran hijo de puta y proxeneta que a veces es el mundo, cocina como su madre y hace bricolaje como su padre. La pequeña mente culpable que diseña cuisine para coños y bricole para pollas de idénticos colores, es tan culpable que no tiene la culpa. Sólo reproduce los dictados, muestra las identidades, siempre idénticas, del silencioso carnicero binarista que el género, el rol de género, el ministerio de género, la violencia del género, la guerra de género, lo degenerado que detrás del género -mi mamá cocina, mi papá construye- se esconde confundiéndonos en telas iguales, de colores idénticos, idénticas tallas e idénticas texturas. Je cuisine comme Mamy/ Je bricole comme Papa. Yo también tengo la culpa. Porque lo veo y lo fotografío, pero no hay culpables. Sigue sin haber cumpables, o responsables, o padres o madres o lo que sea de este mundo que es un gran delantal obceno que chorrea obscenidades a la altura de los pubis de todxs lxs que somos, a un tiempo, víctimas y verdugos, como mamá y papá, de un mundo, pequeño gran hijo de puta y proxeneta, que apresa al género y lo ceba, engordándolo hasta que revienta y se hace dos, como una pequeña oca torturada a base de hígado de mundo enfermo y quebradizo; criadero de pequeñxs monstruos, todxs nosotrxs, cooperantes, a su vez, y portadores, de este puto cisma genital que nunca acaba, y que nos convierte en otrxs todo el tiempo para hacernos encajar, a fuerza bruta, delantal en mano, en lo que se supone que somos. 

Pensaba en ello, ahora que he vuelto a ver esa fotografía de hace un par de semanas. Ahora que las niñas noséqué y los niños cualquierotracosaestúpida. Idénticos colores, eso sí. Y texturas. Idénticas texturas también. La textura es importante, porque no hay que caer en el sexismo. No, por favor, sexismo no. Sexismo caca. Je cuisine comme Mamy. Somos modernos y modernas. No modernxs. Eso no. Modernxs nunca. El sexismo es malo y no nos lleva a ninguna parte, pero Je bricole comme Papa. Porque los hombres de hoy, los hombres modernos, también llevan delantal para hacer sus cosas de hombres. Je cuisine comme, Je bricole comme. Sexismo y machismo, cuisine, bricole, quién quiere oír hablar de ello. 

Y así las cosas, a veces es mejor mancharse y dejar que la grasa escurra, que la mugre escurra y desdibuje, redentora, las líneas pacatas pero violentas, pueriles pero sibilinas que separan determinados verbos de determinadas personas; determinadas acciones de determinados pubis; determinadxs niñxs de determinadxs niñxs. "Mancha la tinta tanto como el semen", decía Ángel González. Pues eso. Emborronemos esto a chorrazo limpio. A base de fluido vaginal, de líquido prostático y tinta a inyección. Squirting, cumming, cartucho negro y cartucho a color, y mientras follamos y escribimos, solxs o acompañadxs, cocinemos elaborados platos y construyamos bonitas mesillas auxiliares siendo padres a un tiempo y madres, sacando cosas en claro, viendo la luz a través de los lamparones de este pequeño mundo pendenciero, hijo de todxs nosotrxs.

lunes, 18 de julio de 2011

Como si Cortázar no existiera

No puede ser que lea los periódicos. No puede ser. Que lea los periódicos, que siga leyendo los periódicos, por más que me lo tenga dicho, por más que me lo tenga advertido el photoshop de las portadas de La Razón; por más que me lo haya enseñado, a hostiazo limpio, el dudosísimo gusto de Pedro J en lencería; y por más prisa que huir de Prisa y de sus etcéteras me diera, parece que no aprendo, y sigo por la senda de los diarios de la mañana como si no supiera quién es Cortázar. O peor: como si Cortázar no existiera.

Vivir como si Cortázar no existiera es jodido. Vivir leyendo la prensa diaria es aún peor. O, bueno, no sé. Ahí ahí. Me cuesta decantarme entre lo mismo y lo contrario, en este caso. Porque leer la prensa supone encontrarte cosas de las que no siempre puedes deshacerte. Es algo así como hacer la anticompra, porque te llevas para casa, cosas que no sólo no necesitas, sino que, además, te sobran, te vienen mal, te incomodan, te violentan, te inoportunan y te obligan a buscar sinónimos todo el tiempo. Al principio no se nota, pero tras unos cuantos telediarios y unas semanitas leyendo cualquier noticiero mainstream, los resultados empiezan a ser evidentes, y a unx ya no le chirría que aparezcan en el mismo pliego, otra vez, lo mismo y lo contrario, como digo, noticias que se dan de hostias, mundos que se dan de hostias, que son el  mundo y que son el mismo, los mismos, a sí mismos, y sus contrarios. 

No puede ser que "Suspendido el fallo del premio nacional de cine por incumplir el jurado con la paridad", y unas cuantas entradillas más allá "Derecho de pernada" y "Ministras en bikini". No puede ser. No puede ser que Cortázar no exista, y no puede ser que, de ser así, haya algún rastro de rayuelas, de Cronopios o de famas. Pero a veces sucede que sí. A veces sucede que las cosas existen sólo a medias, en cuanto a lo que hay en ellas de otras cosas cualesquiera. Y eso, mira tú por dónde, a veces te lo enseñan los periódicos. Cosas como que la exigencia de la paridad no deja de ser una parida(d) visto como está patio, y su gestión no es más que una vehiculización de la mala conciencia que a veces le coge a esta sociedad heteropatriarcal y profundamente represora con "todoloqueno" encaje en sus "comodiosmanda". Una sociedad cuyas leyes están más al servicio de la calma de conciencia de los sistemas de saber-poder, que de lxs ciudadanxs, que a veces leen el periódico y, a veces, sólo a veces, recuerdan que una vez Cortázar fue real, que una vez rayuelas, cronopios y famas. A veces unx recuerda que "un señor toma el tranvía después de comprar el diario y ponérselo bajo el brazo. Media hora más tarde desciende con el mismo diario bajo el mismo brazo. Pero ya no es el mismo diario, ahora es un montón de hojas impresas que el señor abandona en un banco de plaza.".

Diario a Diario, sí, Diario a Diario. Pero puede suceder que tras muchas lecturas de noticieros, unx no sea capaz de continuar la trama, de seguir con el cuento, de llevarle, de seguir llevándole la corriente, por que él también nos la lleve, al bueno de Cortázar. Entonces olvidamos una noticia y recordamos el siguente párrafo. Y eso es algo grande.  Una párrafo por una noticia, qué gran noticia.
            "Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas impresas se convierte otra vez en un diario, hasta que un muchacho lo ve, lo lee y lo deja convertido en un montón de hojas impresas. Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas impresas se convierte otra vez en un diario, hasta que una anciana lo encuentra, lo lee y lo deja convertido en un montón de hojas impresas". 
Entiendo que la anciana también va en busca de Cortázar, porque "luego se lo lleva a su casa y en el camino lo usa para empaquetar medio kilo de acelgas, que es para lo que sirven los diarios después de estas excitantes metamorfosis."

A veces unx se acuerda de ciertos diarios para olvidarse de otros diarios. A veces uno se acuerda y se redime, se olvida y se redime y se promete llegar, para la próxima, excitantes metamorfosis, justo al momento de las acelgas.

martes, 12 de julio de 2011

AMÉRICA Y AMÉRICA

   No me pasa siempre, claro, sólo ocurre a veces, ciertas veces, pero cuando oigo algunas cosas, me acuerdo de algunos poemas, y cuando oigo algunos poemas, ciertos poemas, se me olvidan todas las cosas de este mundo. Cuando veo algunas cosas también, pero eso es otra historia. 
Peter Orlovsky y Allen Ginsberg, New York City, 1963

Algunas veces América me recuerda a América y otras, me vacía de recuerdos y me llena de pronósticos. Y no, no me refiero a la América de Obama, sino más bien a la de Ginsberg. A la América de América, te lo he dado todo y ahora no soy nada; A la América de dos dólares y veintisiete centavos. A la de que te jodan a ti y a tu puta bomba atómica. A ésa.  A ésa que se parece tanto a esta otra. A la que asegura haber visto las mejores mentes de su generación destruidas por la locura. A la de Burroughs está en Tánger y no creo que vuelva. Y quiero que vuelva. Claro. Vaya que sí. Pero no va a volver, y saber que no va a volver, y saber que Burroughs está en Tánger y saber, lo cual es aún peor, que ya salíó de Tánger y que, a pesar de eso, no ha regresado todavía. 

Y al final por eso todo son pronósticos destrás de cada vuelta de tuerca, detrás de cada salto de línea. En las efemérides hay siempre algo siniestro. Algo perverso. En los renglores de América está América, claro, quién si no, aullando un aullido atroz mientras dios le da lo suyo a los cuerpos, sudados como cuerpos, sedados como cuerpos, como cuerpos de soldados, sedados y sudados como cuerpos, como cuervos soltados a campar por el augurio de las líneas, y de esas pollas inflamadas asomando bajo batines de seda que tanto le gustaban a Allen Ginsberg. 

Y todos esos que se dejaron dar por el culo por santos motociclistas, todos esos, también están aquí, siendo Ginsberg todo el tiempo; y Cassady, y Burroughs y cualquier otra marica dispuesta a no pagar mordida, a no costearle la mamada lúbrica de un travelo in media res a la harpía tuerta del dólar heterosexual.

No me pasa siempre, ya digo, sólo ocurre a veces, ciertas veces, pero cuando oigo algunas cosas, me acuerdo de algunos poemas, y cuando oigo algunos poemas, ciertos poemas, se me olvidan todas las cosas de este mundo. Cuando veo algunas cosas también, pero eso es otra historia. Por eso, ya lo he decidido: no pienso escribir mi poema, hasta que me sienta lúcidx.

sábado, 2 de julio de 2011

Cosas de maricas

Ir al orgullo es de maricas. Ése es el RT que me he encontrado a media tarde al abrir mi twitter. Para quien no esté familiarizado con el Twiter y no sepa lo que es un RT (retuit), diré que es un mensaje (tuit) escrito por alguien, que otro alguien distinto dedide sobreescribir, escribir de nuevo, como si fuera suyo, pero sin serlo. Como si Teddy Bautista escribiese desde el calabozo las cosas que Alejandro Sanz tuitea desde su casoplón de Miami. 
Pues eso, que he leído ese RT, y no he podido por menos que hacerme eco y retuiterarlo yo también. Algo que pasa, y en menos de 5 segundos, de hacerte mucha gracia a no hacerte gracia en absoluto, merece ser, de nuevo, entregado al mundo, y si es a través de un RT, pues que Diosx salve a Twitter.

Y es que es verdad: ir al orgullo, es de maricas. No por casualidad, el tuit original lo firma una bollera. 
Me llegan galerías de fotos del desfile en tiempo real, vídeos, en tiempo real e, incluso, el propio tiempo real, me llega vía redes 2.0. El desfile del orgullo y la Boda religiosa de Albertx de Mónaco han hecho que el twitter y el Facebook estén hasta arriba de maricas pero, por el momento, ni rastro de otros colectivos de dentro del colectivo. De la ecuación LGTBQI, sólo la G parece despejarse a través de los medios, incluso a través de los medios más marginales, mas rarunos, vaya, cuesta ver Bés, cuesta ver Eles, cuesta ver Tés. No digamos ya, Íes y Cús.
Lxs bisexuales no existen; lxs transexuales mucho menos; las lesbianas ni hablamos; lxs Queer son una banda de rarunxs rompepelotas que leen a Beto Preciado y hacer talleres de cómo ser, a la vez, lo mismo y lo contrario; y, por su parte, los Intersexuales son ese extraño uno, o dos o tres o vaya usted a saber qué minimérrimo tanto por cierto, que tiene equis e íes raras en sus cromosomas sexuales.
 Por eso me hace gracia que el lema de este año sea "Salud e igualdad por derecho", porque ni siquiera en la misma dialéctica de quienes lo reivindican, está presente su reivindicación. Es así. La campaña publicitaria que se ha hecho al hilo del lema de este año está, cómo no, protagonizada por maricas. Los maricas vindican, reivindican, y está muy bien. Los boris izaguirres, los grandes marlascas y los vázquez -jesuses y jorge javieres- no son sólo la imagen de la homosexualidad, sino de toda aquella sexualidad e identidad social que esté al margen de la heterosexualidad y, sinceramente, no es difícil estar al margen de la heterosexualidad, dados los estrechísimos perímetros que rodean a esta, pero tampoco es difícil no ser marica y ser bollera, o bisexual, o transexual o queer o intersexual o cualquier otra cosa. 

 Y es que resulta que, al final, el problema va a resultar por ser otro. Yo ya tenía mis sospechas, pero está claro que ya no hay duda, de que es el patriarcado el que lo ocupa todo, el que lo copa, el que lo rige, el que lo manda, el que lo organiza, el que lo gobierna, por sus cojones y, por más maricas que los maricas sean, no dejan de ser la fuerza mayor en esa ecuación de letras que son las siglas LGTBQI, siglas que deberían representar por igual a todxs aquellxs que, como he dicho, postulan otras sexualidades y otras identidades que se conciben en los márgenes del heteroplatriarcado. 

Me llega, al hilo de la fiesta del orgullo, un vídeo spot bastante bueno, la verdad, sobre la marginación y la invisibilidad a la que se ven sometidas las personas transexuales a causa de la transfobia. El vídeo, de unos 5 minutos, como digo, es estupendo; pero claro, como siempre pasa, como era de esperar, es una transexual y no un transexual quien lo protagoniza. Podréis decir que en este caso es una mujer; que en este caso, no se cumple, pero estaréis equivocados. Una transexual ha convivido con maricas y, hasta que no llevó a acabo su proceso de reasignación de sexo ha sido, en realidad, a ojos de la sociedad, incuso a ojos de su propio colectivo, otro marica más, con lo que, tras la operación de reasignación de sexo, sigue manteniendo ese estatus social que lo hace visible. Adquiere también, es verdad, una serie de handicaps que antes no tenía, por el hecho de ser mujer, pero dentro del mundo LGTBQI, e incluso desde una óptica heterosexual, siempre será más visible que un transexual M to H (mujer a hombre). De eso, no me cabe duda.

Así que, sí, es verdad, el orgullo es de maricas, y como Lady Gaga también, deconstruyo un poco el género y el patriarcado, y me despido, por mis ovariojones queer, con este cover de Lucas Silveira, cantante transexual del grupo queer canadiense the Cliks, para hacer que el orgullo sea, un poco más, cosa de todxs.


sábado, 11 de junio de 2011

Un paseo ácrata por el Topo y la Lombriz: desescombrando el Teatro entre escombros


A veces, las cosas son lo que unx espera, y otras veces no. A veces vas al teatro y sales de él y otras, vas al teatro y te quedas atrapadx. Y eso justo es lo que le faltó a la obra que vi ayer, El topo y la lombriz, la propuesta de Teatro entre escombros, que Alkimia130 programó en la sala Enconarte. Una obra emimentemente dual, que se gesta a caballo entre Londres y Burgos, a caballo entre la formación clásica y la circense, a caballo entre él y ella, entre el suelo y el subsuelo, entre el ahora y cualquier otro momento. Una apuesta que adapta los cuerpos de lxs actores a los espacios teatralizables, y que cuenta con un trabajo físico que traspasa, a lo mejor, las fronteras del teatro. Pero, sin embargo, entre tanta dualidad, el texto, con algunos guiños inteligentes pero otros, pretendidamente graciosos, cae a veces en iconos e imágenes que están ya, más que revisadas en la historia de la literatura y del arte. Así, al personaje femenino se le plantea como símbolo de oscuridad, humedad, nocturnidad. La mujer es pasiva, penetrable, ensoñada, servicial, agradecida y redentora. El gran útero que se abre para acoger, acogedor, al hombre, al explorador, al conquistador, al que desciende para penetrar, al penetrador, al símbolo diurno, ascensional, el que viene del sol, el que sabe, el que conoce el mundo, sus contextos, sus espacios. Me cansan los tópicos de género que me devuelven una imagen acomplejada, tradicional y nada revisada del género y esta revisión, en parte, se la debo a F, con quien estuve hablando del asunto al finalizar.

Me gustó, eso sí, además de la puesta en escena basada, fundamentalmente, en el trabajo actoral, la metáfora, el símbolo final que yo quise entender como una imagen de la historia, o mejor, de nuestra memoria histórica, que queda enterrada para siempre y a la que no queremos enfrentarnos (si acaso, sacarnos con ella una foto para no sentirnos tan culpables de nuestro abandono, de nuestro olvido), pero también eché de menos que nosotrxs, el público, nos quedáramos encerradxs allí, a oscuras, con la historia olvidada, mientras el personaje que era la toma de contacto, el hombre, propiamente dicho, del sistema patriarcal, se marchaba condenándonos a todxs, público incluido, al olvido. Hubiese sido fantástico quedar enterrados vivos con la historia dentro de la historia. Fantástico y aterradoramente teatral.

Celebré, eso sí, además de la apuesta actoral, de integración de la historia en los espacios, el uso de los silencios y esa pequeña digresión musical sobre la mujer moderna  (Aunque yo hubiese evitado ese tópico tan manido y falaz, a estas alturas, por muchos motivos). Y celebré, sobre todo celebré, eso sí, poder tener la ocasión de ver la obra dos veces, una como público y otra acompañadx por lxs actores, con la charla posterior, que ayudó también a construir una idea mejor del proceso de creación de la obra y de por qué ciertas cosas son como son o no son, al fin y al cabo, de otra manera.

viernes, 3 de junio de 2011

La revolución será feminista o efeméride

Que los diferentes feminismos se unieran en @acampadasol era, sin duda, una utopía. Una utopía que, desde luego no todxs, pero sí algunxs, estábamos esperando, deseando que llegara. Ahora bien, que los diferentes feminismos, unidos, hermanados, asociados pese a sus divergencias y quizá, también, gracias a ellas, contaran a su vez con el apoyo del, llamémosle "grueso" de una sociedad, no era una utopía, sino una ingenuidad. Y da igual que esa sociedad sea la de papá Estado o la estupenda y, desde luego, necesaria #acampadasol, porque siempre, en toda sociedad, por muy "soleada" que ésta sea, el feminismo cae en algunos ojos, como un escupitajo. 
Me hace gracia leer en letra de algunxs que también twittean desde Sol, que no es el momento de reclamar feminismos, que no es el contexto, que no es el modo, que no es la manera. En fin, el miedo se traduce en la espera, las más de las veces.
 Porque quizá, al feminismo le pasa lo que a la metafísica de Kant que, es necesario en cuanto a lo que en él hay de meta, de Ítaca, de Penélope buscada por Penélope, temida por Penélope, salvada por Penélope. 
Como la metafísica de Kant, que el feminismo no sirva para nada no quiere decir que no sea útil; que no sea necesario no quiere decir que no resulte absolutamente imprescindible. Por eso el feminismo es a la revolución lo que la metafísica a la filosofía y es radical (en cuanto a lo que en él hay de raíz) en su motor generador de cambios sociales que, después, arrastrarán otros cambios, también necesarios, pero no radicales, ontológicos.
Por eso no se puede hacer filosofía sin pretender transcender a lo físico, por eso, la revolución, será feminista o, por el contrario, no será en absoluto y se quedará en efeméride.

sábado, 26 de febrero de 2011

Las amazonas mecánicas

Olisqueando un poco el blog de Post Op -gracias, Post Op- me he encontrado con este hallazgo que no tardaré en encargar a Javi porque, a buen seguro, siempre podré tener con él, un regalo para A guardado bajo la manga.



Nuestra hermana Tatiana acaba de publicar "Amazonas mecánicas" , el libro indaga en la historia de nuestras abuelas y bisabuelas rebeldes y que lucharon contra las imposiciones sociales dentro del masculino mundo del deporte.

Nota de la autora:
Cuando me planteé arrancar con este trabajo, estaba fascinada por las historias del París y del Berlín de los locos 20, por las imágenes de Brassai de los bailes de las drag kings de la modernidad y de Le Monocle, por historias sobre el Harlem de Gladys Bentley, el círculo literario de Sylvia Beach, el cenáculo de Natalie Clifford Barney, Djuna Barnes, Romaine Brooks y tantas más, las fotografías de Germaine Krull, de Ilse Bing, o de Claude Cahun, los fotomontajes de Hannah Höch, o las películas de Leni Riefenstahl.

Entonces pensé por qué en España no teníamos esas antepasadas rebeldes contra los mandatos sociales a propósito del género y de la sexualidad. Por qué nadie se había ocupado del tema en profundidad. Y pensé a qué podía ser debido. Estaba claro: una guerra civil y casi cuarenta años de dictadura franquista habían sepultado sus rastros.

Pero tras varios años de inmersiones en archivos y hemerotecas, saltaron de sus estantes historias e imágenes de esas antepasadas que buscaba, un puñado de mujeres modernas con nombres y apellidos, que con valentía desafiaron una serie imposiciones sociales, aprovechándose de la coyuntura mundial del período de entreguerras, y de los logros conseguidos por un incipiente feminismo.

El trabajo que aquí presento, hilvana todos estas cuestiones en torno a un eje fundamental, la incorporación de muchas mujeres a la práctica deportiva; una actividad que debido a su carácter activo y público (sin mencionar las implicaciones de automodificación corporal y autorrepresentación), intensifica su desobediencia identitaria. Así, por un lado se muestran un conjunto de imágenes de éstas amazonas mecánicas, y por otro, se analizan sus engranajes visuales, políticos y sociales.

Tatiana Sentamans

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Este texto ha sido publicado por el Ministerio de Cultura tras obtener el Primer Premio del Premio Nacional de Investigación Cultural Marqués de Lozoya 08 en su XXVII edición. (BOE, Boletín Oficial del Estado, Núm. 26 Viernes 30 de enero de 2009 Sec. III. Pág. 10414-10415)

La publicación puede adquirirse online en varias librerías, así como a través del catálogo del MEC